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sábado, 10 de noviembre de 2007

Olas contra la roca destrozadas


Ichiyusai Kuniyoshi, originally uploaded by ionushi.

Ninguna entre todas las versiones que he intentado del Hyakunin Isshu me ha dejado tan satisfecho como la de este poema de Minamoto no Shigeyuki; no por su siempre discutible fidelidad sino por el poema resultante:

           風をいたみ   岩うつ波の   おのれのみ   くだけて物を   思ふころかな
           kaze wo itami   iwa utsu nami no   onore nomi   kudakete mono wo   omou koro kana

           Como las olas
                 que furioso echa el viento
                       contra las rocas:
           así estoy yo, deshecho,
                 entre mis pensamientos.

Casi todos los comentaristas coinciden en señalar como centro del poema la imagen de la amada inconmovible y dura como una roca, contra la que se estrella la pasión que arrebata al enamorado, pero en mi traslado la atención se enfoca en el agua, imagen de esa pasión. Lo mismo ocurre en el grabado de Ichiyusai Kuniyoshi (Edo, 1797—Tokio, 1861), pero en su visión el desplazamiento es aun mayor y acaba por invertir la lectura normal del poema pues las olas, símbolo de la pasión del hombre, cobran en ella forma de mujer. Kuniyoshi, con la libertad con que durante siglos han interpretado los artistas japoneses a sus clásicos, recreándolos para crear obras autónomas, pinta no lo que el poema dice sino lo que acaso todo amante, y entre ellos el que habla en el poema, siente con claridad al pensar en la amada: mi pasión tiene esta forma. 

martes, 18 de septiembre de 2007

Amistad de pinos y ciruelos

El poeta Fujiwara no Okikaze, del que recogen diecisiete poemas el Kokinshû y veintiuno las otras antologías imperiales, es uno de los treinta y seis poetas inmortales. En el Hyakunin Isshu aparece con este poema:

誰をかも知る人にせむ高砂の松も昔の友ならなくに 藤原興風
tare o ka mo/ shiru hito ni semu/ takasago no/ matsu mo mukashi no/ tomo nara naku ni

     ¿Habrá quedado
     alguno de los míos?
     En Takasago
     los pinos son muy viejos
     pero no son amigos.

Los comentaristas se entretienen en discutir por qué los pinos (demasiado viejos o jóvenes o virtuosos para el hombre) no son amigos, y si takasago (elevación considerable —colina, duna— del terreno) es nombre genérico o particular. Es mejor, para efectos poéticos, lo segundo.
     No es difícil ver la relación entre el poema de Okikaze y el que le sigue en la antología de Teika, el famoso de Ki no Tsurayuki, compilador del Kokinshu:

人はいさ心も知らずふるさとは花ぞむかしの香に匂ひける 紀貫之
hito wa isa/ kokoro mo shirazu/ furusato wa/ hana zo mukashi no/ ka ni nioi keru

     Es insondable
     el corazón del hombre,
     pero en mi pueblo
     huelen igual que antes
     las flores del ciruelo.

martes, 19 de junio de 2007

Del Hyakunin Isshu: Fujiwara no Kinto (966-1041)




















Los lectores del Genji y el Libro de la almohada saben que componer un poema, en esa sociedad cortesana, suponía más capacidades que las verbales. La elegancia de la caligrafía y la correspondencia del papel elegido con los tonos de la estación eran inmediatas en la apreciación del destinatario y definitivas en su juicio. La literatura y las estampas prodigan escenas en que los personajes, a solas y en silencio, escriben o leen cartas en prosa y verso, y en los museos japoneses es habitual ver largas filas de lectores que siguen calladamente, con asombro paciente, los caracteres de un sutra o las imágenes de un rollo historiado. En una sociedad tan delicadamente silenciosa, solemos olvidar que se escribe siempre para la voz.
Murasaki Shikibu describe en su Diario el banquete que Fujiwara no Michinaga, secretario imperial y verdadero poder tras el trono, ofreció para celebrar el nacimiento del príncipe que su hija, la consorte y futura Emperatriz Shoshi, le daba al Emperador Ichijo. Murasaki, como las otras damas de la corte que atendían a los comensales, había compuesto un poema para la ocasión. Pero vaciló, como las demás, cuando vio aparecer entre los invitados al Gran Consejero Fujiwara no Kinto, célebre compilador del Wakan Rôei Shû y arbiter elegantiarum de la sociedad literaria Heian: “No me preocupa tanto que el poema sea bueno o malo, pero no creo que pueda recitarlo en su presencia sin que la voz me tiemble.”
El pasaje nos recuerda que un poema es ante todo un hecho verbal y que la escritura es siempre —malgré Derrida— la huella y el camino de una voz. La voz de un autor, después transfigurada en la voz de la tradición. Cabe suponer que Fujiwara no Teika pensaba en algo parecido cuando eligió, para representar a Kinto en el Hyakunin Isshu, un poema que se refiere a la supervivencia de la voz de una cascada extinta cuyo nombre todavía se escucha. Que los dos poemas contiguos en la antología, en contrapunto con éste, estén escritos al borde de la muerte y frente al más allá, y que en las copias de la tercera antología imperial se lea hilo (ito) en lugar de sonido (oto) apoyan esta idea. ¿Qué es la tradición sino una cuerda?

滝の音は 絶えて久しく なりぬれど
名こそ流れて なほ聞えけれ
taki no oto wa taete hisashiku narinuredo
na koso nagarete nao kikoekere


Cesó hace mucho
el son de la cascada,
resuelto en nada
—pero su nombre fluye
y no deja de oírse.