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sábado, 11 de febrero de 2012

Flor que espera la noche



Es improbable que alguien pase un tiempo en Japón, aunque solo sea virtualmente, sin toparse con las encantadoras estampas de Yumeji Takehisa (1884-1934), un artista autodidacto popularísimo en vida y de cuyas imágenes se encuentran reproducciones a cada paso. Hay en la esbelta levedad de sus mujeres —las de sus cuadros y grabados lo mismo que las de sus ilustraciones para libros y tarjetas postales— un aire de alegre modernidad inaugural, la primera voluntariosa modernidad consciente de una joven potencia milenaria, que hace en kimono vida de café y sueña en camas altas con Europa, como hay, en sus diseños abstractos o florales de telas y papeles una feliz conjunción de motivos tradicionales y ritmos europeos finiseculares y de vanguardia. En años recientes Yumeji ha despertado el interés de algunos estudiosos y coleccionistas occidentales y sin duda pronto, como suele ocurrir, empezará a ser revaluado en Japón. Estas notas de Sabine Schenk y Matthew Larking pueden dar una idea más amplia.

Pero antes que las artes plásticas, la vocación de Yumeji fue la poesía. Y al menos uno de sus poemas alcanzó, en la versión reducida musicalizada por Tadazuke Ono en 1917, la inmensa y perdurable popularidad de sus imágenes. En Youtube pueden encontrarse muchas interpretaciones y arreglos de ayer y hoy de Yoimachigusa, con y sin voz y para diversos ritmos o instrumentos, por nacionales y ultramarinos. Por ejemplo esta para violín con Ikuko Kawai:



El poema evoca un amor efímero del verano de 1913 que terminó súbitamente cuando la muchacha dejó al poeta (en el segundo de sus tres matrimonios y en no sé cuál de sus constantes amoríos) para casarse con otro. Son tres versos de dos hemistiquios de 7 y 5 moras (el metro de toda la poesía japonesa tradicional, en una secuencia más larga que un tanka o haiku) que no es difícil reproducir literalmente en sílabas españolas:

宵待草
待てど暮らせど 来ぬ人を
宵待草の やるせなさ
今宵は月も 出ぬさうな


Onagra vespertina

De esperar y esperar al que no viene
La onagra vespertina no halla consuelo
Y esta noche la luna tampoco sale

Sin embargo, se pierde toda la gracia que está en el título: “yoimachigusa” es “onagra” en español pero el sentido inmediato para un japonés es el de “hierba que espera la anoche”. Sí: la onagra (Oenathera biennis) es una flor que se abre al atardecer. Para lograr un juego parecido habría que elegir otra flor. Por ejemplo, la siempreviva:

Siempreviva

De esperar y esperar
      al que no viene,
se aja la siempreviva
      y desfallece.
Y esta noche sin luna
      aquí me tiene.

Las rimas, por supuesto, no están en el original. Tampoco la puntuación. Ni, ya lo dije, la siempreviva. Pero así son las versiones de poesía. Y de la vida misma: véase la película Yumeji (夢二, 1991) de Seijun Suzuki (鈴木清順, 1923—).





lunes, 20 de diciembre de 2010

Esto es un anuncio nada más

Cuando publiqué en la última entrada de este blog, del que me distrajeron hace nueve meses otros asuntos, una edición electrónica de mis traducciones de Ikkyu, el extravagante monje zen de tan diversa fama (sobre el que pueden leerse aquí esta nota y esta otra), varios lectores me preguntaron si habría una edición en papel. Otro, en Monterrey, fue más allá: la propuso a la editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que aceptó la idea, la materializó y la puso a circular en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde una amiga —a la que están dedicadas esas traducciones— adquirió el ejemplar del que me envió estas fotografías. Aún no recibo los míos, pero me dicen los dos que quedaron muy bien, y yo les creo, y me alegro. Los lectores japoneses de esta entrada advertirán que el título japonés de la portada no corresponde al español, pero entenderán que el primero figura allí para la mayoría de los lectores como elemento decorativo (y encontrarán la traducción del título japonés en el prólogo).



Lo cual me da pie y ánimo para volver a este margen, espero que con la frecuencia de antes.

miércoles, 3 de marzo de 2010

lunes, 25 de mayo de 2009

No todo es la joya en el vestido

Habíamos ido, en lo más alto del verano, al Shimogamo Noryo Furuhon Matsuri 下鴨納涼古本まつり, la feria de libros de segunda mano que los libreros anticuarios de Kioto organizan cada año en el bosque que rodea al Santuario de Shimogamo, 糺ノ森 Tadasu no mori. Un lugar venerable por muchos motivos —escenario del Genji, motivo de poemas, ocasión de leyendas—, pero vale más la pena la Feria del Libro Antiguo de Primavera, que se despliega no a la sombra de los árboles sino bajo el techo del Miyako Messe, a pocos pasos del Santuario de Heian.
           Tres horas apenas para recorrer a medias los pasillos. Había, por supuesto, libros: de bolsillo y de vitrina, populares y exquisitos, mínimos y desmesurados, nacionales sobre todo pero también de ultramar, casi regalados e inaccesibles, todos más o menos usados y más o menos viejos: de pocos años y de más de un milenio, de cincuenta yenes y de un millón. También enciclopedias y revistas, grabados occidentales y orientales, carteles y mapas y tarjetas postales, emaki y ukiyoe y otsue, abanicos y conchas y monedas y tablillas de bambú, y otras cosas distintas del papel y en las que también se escribe aquí, como granos de arroz y pastillas de incienso. Había tal vez ex libris, pero no nos dio tiempo de buscarlos.



Me entretuve en el puesto de la Librería Tani que exhibía una copia milagrosamente exacta del Nishi-Honganji-bon Sanju-rokunin-shû 西本願寺本三十六人家集, la antología de los Treinta y seis poetas inmortales, Sanjûrokkasen, primer impreso en tsugigami, del siglo XII, que se cuenta por la calidad del papel y la caligrafía entre las grandes obras de la cultura Heian.

Horiguchi

Pero estuve sobre todo mucho tiempo hojeando, en los libreros de Hagi, dos preciosos volúmenes de traducciones de Daigaku Horiguchi: su versión de Le bateau ivre y una antología de poesía francesa. Horiguchi, poeta mayor y principal introductor de la poesía francesa en Japón, vivió el final de su adolescencia en México, donde su padre encabezaba la legación diplomática. Simpatizó con Madero y cruzó la Decena Trágica, a la que dedicó páginas de sus memorias. Aprendió francés, empezó a escribir poesía y frecuentó los burdeles. (En sus versos mexicanos, que hablan de putas y nopales, llora un niño abandonado por el poeta: luego lo habrán llamado Chino.)

Grabados

Nada de eso nos trajimos, sin embargo. Apenas los dos grabaditos que aquí se ven, una vieja revista de cine en homenaje a Yasujiro Ozu que reproduce algunos de sus guiones principales y poco más. Lo importante, como saben y sabía Gensei, es la inminencia que lo imanta todo.
VOY A KIOTO Y ME PIERDO EN EL MERCADO

Me gusta leer libros: soy de esos,
cien autores me esperan todo el tiempo.
Corté mis otros lazos con el siglo
pero este no puedo interrumpirlo.
Siempre con la esperanza de un hallazgo
voy a Kioto y me pierdo en el mercado.
Igual que aquel ladrón ante el tejido,
ya no advierto ni el polvo ni el gentío.
Por las nueve avenidas que palpitan
mi espíritu se aclara, agua tranquila,
y vislumbro tesoros donde miro
—no todo es la joya en el vestido.

Gensei (1623–1668)
El poema alude a una historia china. La policía había capturado a un ladrón que intentaba robar una gran pieza de brocado en un mercado atestado, y cuando le preguntaron por qué lo había hecho respondiò: “No vi la gente, vi solo el brocado.” “La joya en el vestido”: es, en los sutras, la naturaleza del Buda.

domingo, 12 de abril de 2009

Una campaña en contra de las moscas


Foto: © Masashi Yano: Mosca que guarda el Tofukuji

Mi amigo Masashi Yano, que tiene aficiones curiosas, me envía una nota publicada en el periodico Asahi el 3 de abril de este año que reproduzco aquí, con la traducción resumida hecha por él mismo: 
東京中のハエ全滅を(1925年8月)

真夏の一日、東京市民がハエを追いかけ回した。1925(大正14)年8月15日、市が音頭をとった「ハエ捕りデー」。紙面には「東京中のハエ全滅の意気で後ろ鉢巻の全市民飛行機も飛び出す騒ぎで」という見出しがついた。
43万の世帯に駆除薬を無料で配り、約2メートル四方のハエを一瞬で焼き殺すという「新兵器の火炎噴霧器」なども用意した。「各町では大太鼓をたたいて『ハエ退治』と触れ回った」。本所区(現墨田区)では商品目当ての子供が前夜からハエを捕まえて早朝から区役所へ押しかけた。
この1日で何匹のハエが捕れたのかはわからないが、直前に西神田署管内であった「ハエ捕り週間」では56万匹を退治したというから、全市では相当な数になるだろう。
(朝日新聞4月3日金曜日朝刊)

EXTERMINAR TODAS LAS MOSCAS DE TOKIO

En el abril de1925, el gobierno de Tokio organizó el "Día de la caza de moscas”.
           El gobierno metropolitano repartió gratuitamente insecticida a la población. Además, pequeños lanzallamas, capaces de matar moscas en dos metros a la redonda.
           Se desconoce la cantidad total de moscas cazadas. Pero hay datos de que en “la semana de la caza de las moscas” en Kanda, se cazaron más de 560.000. Es de suponer que el número fue considerable.
(Asahi Shinbun, 3 de abril de 2009)
Para quien no haya vivido en Japón, la historia quizá parezca inverosímil, pero es más bien típica y muestra rasgos característicos: el temor a la contaminación, el afán por cuidar las apariencias, la meticulosidad obsesiva, la necesidad de ritualizar, la preferencia por las soluciones tecnológicas, para mencionar los más evidentes. Hay temas para un antropólogo y enigmas para un reportero: ¿cómo llevaron la cuenta de las víctimas?; ¿qué ocurrió más allá de Kanda?; ¿cuál fue el destino de los cadáveres?; ¿había premios para los exterminadores? ¿queda alguno de esos lanzallamas?
           Y sobre todo, ¿nadie se opuso a la campaña? Después de todo, si no fuera por las moscas, Issa no habría escrito el famoso poema que citábamos el otro día. Eso parece decir este haiku de Hisao:
蝿のいる國だからこそ一茶の句 — 久夫
hae no iru kuni dakara koso issa no ku

País de moscas
—y de versos de Issa,
en consecuencia.
Eso parece… pero es posible que aquí la palabra kuni no se refiera a Japón sino a Shinano, tierra de Issa y frecuente objeto de escarnio, como el Lepe de España. El poema, entonces, no sería vindicativo, sino todo lo contrario.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Alguno lo verá por vez primera

Páginas de la Revista de la Universidad de México, Nueva Época, Número 19, Septiembre de 2005, que fueron parte después de Luna en la hierba, donde las notas se corrigieron y ampliaron, pero las traducciones, según veo ahora con alivio, ya no.

jueves, 31 de julio de 2008

Shuntarô Tanikawa vuelto un río

河
E L R Í O


過ぎたことが
Lo que se ha ido
ふたたび私を遡ってきた
se remonta hasta mí otra vez
私は河になる
y yo me vuelvo un río.

見知らぬ記憶が
Los recuerdos desconocidos
その夜を開くと
se abren en la noche
私はどっとその中へ流れこんでゆく
y yo fluyo de pronto hacia su adentro.

(だが私は世界の井戸を満たせない
(Pero el pozo del mundo no podría colmarlo.
すべての雲になれない
No puedo ser todas las nubes.
一滴の露でもない)
Soy menos que una gota de rocío.)


           谷川俊太郎 / Shuntarô Tanikawa

miércoles, 30 de julio de 2008

Mira lo que te traje de regalo

El amigo Matías Letelier me pide que traduzca un mensaje que alguien dejó en la página del Club de Amigos de la Literatura japonesa de Facebook, y resulta ser una línea de Matsuo Bashô:

富士の風や扇にのせて江戸土産
fuji no kaze ya ôgi ni nosete edo miyage


¡Viento del Fuji!
Te lo traigo de Edo
en mi abanico.


Los diccionarios suelen dar souvenir como equivalente de miyage, y hay quien así lo traduce. No es lo mismo. Se souvenir es en francés “acordarse” pero en inglés, de donde lo toma el japonés, a souvenir no es un recuerdo, aunque también haya quien así lo traduce: es un objeto ligado a la memoria de un viaje, que la gente conserva para recordar dónde estuvo: memento, keepsake.
           El omyage no se conserva: se compra para regalárselo a la familia, los amigos, los compañeros de trabajo y decirles que se los tuvo en mente durante el viaje. O se compra, más frecuentemente, para cumplir con la obligación social de dar omyage, como muestra el que se vendan en la estación de Tokio, para tal efecto, omyage locales de todo el territorio japonés. (Algo tienen en común con los souvenir: suelen ser tan espantosos como inútiles.)
           Matsuo Bashô, que escribió su poema como hokku inicial de una cadena colectiva, se burla con gracia de esa costumbre: lo que regala no es ese mínimo abanico en el que está dibujado el Monte Fuji, sino un poco de aire. No es poca cosa, en este verano.

martes, 29 de julio de 2008

Me da su desnudez entre jirones

A N D R A J O S

La poesía
vino
antes del alba

vistiendo
raídas
palabras.

No tengo nada
que regalarle
y ella sólo me da

la desnudez
que alcanzo a ver
entre jirones.

Una vez más
remiendo
sus andrajos.



N O C H E

De noche
desde dónde
rumor de agua que hierve.

Una nada
de veneno
es medicina.

La gente invade
sin consideración
a la gente.

Sin palabras
fluye
el corazón

hacia la gente
hacia el silencio
hacia la tenue lámpara.



C A N C I Ó N

Alguien
está
cantándome

en tono de nube
con armonías
de árboles.

Un día el pulso
del corazón
va a detenerse.

Y la canción
en tu alabanza
continuará.

En la ribera
fluye la melodía
del agua.

En las ruinas
resuena la pausa
de la noche.



Y O

Bendito
en los pechos
y entre leves
sonidos,

en la Vía Láctea
y en las hormigas
de la hierba
bendito,

en ese momento
y en ese sitio
estaba

ese
yo,
vuelto a la tierra.

            Shuntarô Tanikawa



Traducción de Aurelio Asiain. Con los dos poemas finales de la entrada anterior, los tres primeros de los que aquí copio aparecieron en el libro Kôten. Lecturas cruzadas Japón–América Latina, publicado por la Editorial de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, 2005. Los dos últimos se publicaron también en la Revista de la Universidad de México, en Septiembre de 2005.

domingo, 27 de julio de 2008

Cuatro de Shuntaro Tanikawa

Á R B O L

Muy pronto seré un árbol.
El dedo medio me hormiguea,
hay brotes en mis yemas.
Me descubro otras hojas
en el dedo anular y el índice, y el brazo
se me bifurca en ramas ágiles.
Bajo la camiseta
tengo un tronco rugoso.
Los dedos de mis pies entran al lodo,
agua tibia me sube al bajo vientre.
Voy a dejar de ir a la escuela.
Voy a dejar el beisbol y la pesca.
Voy a quedarme quieto, hasta de noche.
La lluvia me refresca.
Nadie se fija en mí.
Pasan corriendo al lado.
Aquí me quedaré hasta que me seque.
Murmurando, cimbrado por el viento.



SECRETO

Alguien oculta algo.
No sé quién,
no sé qué.
Si lo supiera lo sabría todo.
Aguanto la respiración y escucho
el rumor de la lluvia por el suelo.
Algo estará ocultando.
Cae para que sepamos su secreto
pero no puedo descifrar su código.
Me escurro en la cocina,
husmeo,
veo la espalda de mi madre.
También oculta algo.
Piensa en sus cosas mientras ralla un rábano.
Me intrigan los secretos
pero nadie me cuenta nada.
Me asomo al agujero de mi pecho:
sólo veo, nublado, el cielo negro.



TOBA 1

No tengo nada que decir en este instante.
Estoy sentado aquí nomás, tomando el sol.
Mi mujer es hermosa
y mis hijos encantadores.

¿Te digo la verdad?
No soy ese poeta
que finjo ser.

Fui creado y aquí estoy, descartado.
Mira: aunque es oscuro el mar,
la luz rompe en las rocas.

De veras que no tengo qué decirte
salvo que el día está empapado de sol y paz;
aunque la sangre corra por las calles de tu ciudad.
Voy a estar siempre encandilado por este sol.


TOBA 11

No intento preservar este instante en el tiempo.
Tiene cierto valor
y no lo dejaré pasar inadvertido.
Pero la luz se escapa todo el tiempo

y aun estas palabras,
escritas en la arena
—aunque no por dedos—
están sujetas al capricho.

Mis hijos se parecen
a mí completamente, y no.
Estoy contento.

Como estos guijarros, conchas y trozos de botellas,
tan duro como frágil,
mi corazón humano se lava en la playa.


Traducción de Aurelio Asiain. Estos cuatro poemas de Shuntarô Tanikawa se publicaron por primera vez en agosto de 2004 en la revista mexicana Letras Libres. Toba es el nombre de un lugar de veraneo, cercano a Ise y célebre por sus perlas.

lunes, 7 de julio de 2008

La cuna de los Budas de mil mundos

E L   S E X O    D E    U N A    M U J E R

Es la primera boca, y no dice palabra.
La rodea un espléndido montículo de pelo.
Allí puede perderse cualquier hombre sensible.
Es la cuna de todos los Budas de mil mundos.

Otra vez Ikkyu Sôjun (1394–1481), ahora —con cierta libertad— de la versión inglesa de John Stevens en su Wild Ways: Zen Poems of Ikkyu (Companions for the Journey), pues el original es chino.

sábado, 5 de enero de 2008

Sabemos de memoria estos poemas


The eye will follow the voice, originally uploaded by ionushi.

Hace poco más de cinco años empecé a trabajar en una traducción de Hyakunin Isshu, la antología que preparó en del siglo XIII el poeta y crítico Fujiwara no Teika, sin duda el hombre de letras más influyente en la historia de la literatura japonesa (a él se deben en parte la posteridad, este año milenaria, del Genji monogatari y la definición de conceptos como wabi y sabi, hoy en boga occidental). Abandoné la empresa cuando supe que otra traducción española (no la primera) estaba comprometida en la misma editorial a la que pensaba proponer la mía. Pero así me sumergí en la poesía clásica de Japón. Nunca había visto, sin embargo, el juego que popularizó esa antología. Porque, aunque es probable que Teika la haya integrado para decorar las puertas corredizas de su villa en Ogura, los Cien poemas de cien poetas, que todos los japoneses conocen al menos en parte y muchos de memoria, deben su popularidad sobre todo a las uta karuta (cartas de poemas) con que se juega tradicionalmente en Año Nuevo. Dos jugadores, sentados uno frente al otro y divididos por un centenar de cartas dispuestas en el suelo, atienden al lector que va recitando los primeros tres versos de cada uno de los poemas cuya segunda mitad está escrita en las cartas, y se apresuran a capturar las correspondientes. Gana naturalmente quien completa el mayor número de poemas. Pero quién sea el ganador no parece tener mayor importancia para la ceremonia, según me pareció cuando por fin pude verla, el tres de enero pasado, en el santuario de Yasaka en Kioto, entre una multitud en la que muchos, cerrando los ojos al esplendor de los trajes de la época Heian que vestían los contendientes (mujeres en un grupo, niños y niñas en el otro), ponían a prueba su memoria y musitaban los versos que iba leyendo la maestra de ceremonias. Algunas de las fotografías que tomé ese día pueden verse aquí.

viernes, 4 de enero de 2008

Una luz como un aire nevado


white and snowy scents, originally uploaded by hanna.bi.

Elsie Stevens le contó a Harold Bloom que todos los días, al volver a casa tras la larga jornada en Hartford Accident and Indemnity, la compañía de seguros de la que era vicepresidente, su padre se dirigía al estudio y, antes del par de martinis y las páginas de poesía francesa, se aplicaba en la composición de “a Japanese flower arrangement” (Bloom dixit). Este poema se refiere a uno de esos arreglos. Pero al releerlo, hace poco, lo que me vino a la mente de inmediato no fueron imágenes de ikebana (no soy devoto del ikebana) sino de los hermosos arreglos que prepara y luego fotografía espléndidamente mi amiga Anna, que es italiana y nunca ha estado en Japón (aunque su nombre en Flickr juega con el japonés: hanna.bi, que cabría traducir como “flor.de fuego”). Fue, sin duda, sobre todo esa frase que se encabalga del segundo al tercer verso: “The light in the room more like a snowy air”, lo que provocó la desviación, pues describe perfectamente los tonos emocionales de sus fotografías.
Es notable que, para titular la más reciente de sus fotos (la he puesto en esta página, aunque no regale claveles sino tulipanes), Anna haya citado parcialmente el verso final de la segunda estrofa: “white and snowy scents”. En la poesía clásica japonesa, del Man’yoshu (siglo VIII) al Shinkokinshû (s. XIII), la palabra nioi (aroma, fragancia) no se refiere habitualmente a percepciones olfativas sino visuales o aun sonoras. Por ejemplo, en Fujiwara no Teika:

白雲の春はかさねて立田山小倉の峰に花にほふらし
shirakumo no haru wa kasanete tatsutayama ogura no mine ni hana niourashi

La primavera
cubre el monte Tatsuta
de nubes blancas:
en la cumbre de Ogura
flor fragante se mira.

(Me ocupo de estos versos en Luna en la hierba.) Bloom, que se ha pasado la vida comentando el poema de Stevens, no repara en ello. Tampoco en que el verso “The imperfect is our paradise” corresponde a la noción de wabi, central en la cerámica japonesa, en el arreglo floral y en otras cosas que vendrían a cuento.
Supongo que habrá otras traducciones españolas del poema, pero como no las tengo a mano aventuro la mía. Al curioso que quiera leer el original inglés le bastará poner el título, “The Poems of Our Climate”, en Google.


LOS POEMAS DE NUESTRO CLIMA

I
Agua límpida en un tazón brillante,
claveles rosas, blancos. En el cuarto
una luz que es más bien aire nevado,
con reflejos de nieve. Nieve recién caída
al final del invierno, cuando vuelven las tardes.
Claveles rosas, blancos — desearíamos
más, mucho más que eso. Aun el día
se ha simplificado: un tazón blanco
de fría porcelana, frío, bajo, redondo,
con nada más que esos claveles.

II
Y aun si esta cabal simplicidad
nos liberó de todo tormento, ocultó
el yo malvadamente compuesto, el yo vital,
y lo hizo fresco en un mundo de blanco,
un mundo de agua clara con brillantes orillas,
más que eso quisiéramos, más necesitaríamos,
más que un mundo de blancas y nevadas fragancias.

III
Aún persistiría la mente sin sosiego,
de modo que quisiéramos escapar, y volver
a lo que ha estado compuesto hace ya tanto.
Lo imperfecto es nuestro paraíso.
Adviértase: el deleite, en la amargura,
cuando es tan intenso lo imperfecto en nosotros,
son palabras erradas y sonidos porfiados.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Como cruzan los jóvenes el bosque


Let's end it with big laughs!, originally uploaded by ionushi.

En Japón, a Borges le pareció admirable que la gente entrara a los templos riendo y bromeando; que la experiencia de lo sagrado no estuviera reñida con el buen humor. Lo hemos visto no sé cuántas veces. Tras el momento de recogimiento ritual, que suele durar pocos segundos, la gente vuelve naturalmente “a engolfarse en la vida” (Gabriel Zaid).
      Tres jóvenes cruzan el Bosque de la Verdad (Tadasu no mori), en el norte de Kioto, después de participar en una de las ceremonias solemnes que rigen el transcurso del Aoi Matsuri, un festival que se celebra desde de la época Heian. Al fondo se ve una de las puertas del Santuario de Shimogamo, que precede a la ciudad, pues data del siglo VI. Se dirigen al Santuario de Kamigamo, estación final de las festividades. Viéndolos, alegres y ligeros por la senda de siglos, no recordé las palabras de Borges, sino el poema de Ungaretti:

      Senza più peso

      Per un Iddio che rida come un bimbo,
      Tanti gridi di passeri,
      Tante danze nei rami,

      Un'anima si fa senza più peso,
      I prati hanno una tale tenerezza,
      Tale pudore negli occhi rivive,

      Le mani come foglie
      S'incantano nell'aria...

      Chi teme più, chi giudica?


En la traducción de Tomás Segovia:

      Sin más peso

      Por un dios que se ría como un niño
      tanto grito de pájaro,
      tanta danza en las ramas,

      un alma queda sin más peso,
      los prados tienen una tal ternura,
      un tal pudor en los ojos revive,

      las manos como hojas
      se encantan en el aire…

      ¿Quién teme ya, quién juzga?

Así, como cruzan los jóvenes el bosque, con un dios que se ríe como un niño —y que más parece una deidad del shinto que otra cosa—, salimos de este año fabuloso. Que haya sido tan bueno para ustedes.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Vivimos vacilando, a la deriva


Brian & Montse sent this postcard, originally uploaded by ionushi.

Uno de los poemas que más me gustan del Man’yoshu (libro 17, 3896):

     家にてもたゆたふ命波の上に浮きてし居れば奥か知らずも
     ie nite mo tayotau inochi nami no ue ni ukiteshi oreba okuka shirazu

     Aun en casa
     vivimos vacilando;
     sobre las olas,
     en flotante morada,
     quién sabe a dónde vamos...

Lo escribió un cortesano de Ôtomo no Yakamochi en noviembre de 730, cuando el Gobernador General de Kyûshû fue llamado a Kioto como Gran Consejero. Se refiere al temor ante la navegación inminente, pero me parece que expresa también una incertidumbre ancestral del alma japonesa, habitante de una isla inestable, azotada por las tifones, agitada por los temblores, temerosa de los volcanes.
           En ese sentimiento puede encontrarse el origen de la visión japonesa de la naturaleza, y de muchas otras cosas en las que no voy a entretenerme hoy, porque lo que quiero es presumir la postal que recibimos de Brian Nissen, quién sabe si desde Nueva York o México o Barcelona, pues entre esos tres lugares se mueve, sin temor a la incertidumbre ni al viaje y dichoso de la vida mudable, como se ve.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Escritura camino a la ceniza


Let them get what they want, originally uploaded by ionushi.

Durante el fude kuyô (筆供養, “funeral de los pinceles”), que se realiza en fechas próximas al cambio del año en diversos templos y santuarios de Japón, los calígrafos y hombre de letras agradecen su servicio y sus dones a los instrumentos de escritura entregándolos al fuego, de mano de los oficiantes y en la solemnidad de los cantos rituales. Dicen que quienes son tocados por el humo mejorarán su escritura. No necesito confesar que el viento no estuvo a mi favor.
           La ceremonia se celebra en fecha variable. En el Nikaido (二階堂) de Kamakura, dedicado al poeta, letrado y político de la época Heian Sugawara no Michizane (794-1185/92), el 25 de enero. En el Shogaku-an (正覚庵), subtemplo del Tofukuji, vasto complejo zen de Kioto donde tomé la foto que aparece en esta página, el 23 de noviembre de 2007.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Olas contra la roca destrozadas


Ichiyusai Kuniyoshi, originally uploaded by ionushi.

Ninguna entre todas las versiones que he intentado del Hyakunin Isshu me ha dejado tan satisfecho como la de este poema de Minamoto no Shigeyuki; no por su siempre discutible fidelidad sino por el poema resultante:

           風をいたみ   岩うつ波の   おのれのみ   くだけて物を   思ふころかな
           kaze wo itami   iwa utsu nami no   onore nomi   kudakete mono wo   omou koro kana

           Como las olas
                 que furioso echa el viento
                       contra las rocas:
           así estoy yo, deshecho,
                 entre mis pensamientos.

Casi todos los comentaristas coinciden en señalar como centro del poema la imagen de la amada inconmovible y dura como una roca, contra la que se estrella la pasión que arrebata al enamorado, pero en mi traslado la atención se enfoca en el agua, imagen de esa pasión. Lo mismo ocurre en el grabado de Ichiyusai Kuniyoshi (Edo, 1797—Tokio, 1861), pero en su visión el desplazamiento es aun mayor y acaba por invertir la lectura normal del poema pues las olas, símbolo de la pasión del hombre, cobran en ella forma de mujer. Kuniyoshi, con la libertad con que durante siglos han interpretado los artistas japoneses a sus clásicos, recreándolos para crear obras autónomas, pinta no lo que el poema dice sino lo que acaso todo amante, y entre ellos el que habla en el poema, siente con claridad al pensar en la amada: mi pasión tiene esta forma. 

domingo, 14 de octubre de 2007

De qué modo me escuchas,

no sabría decirlo, y sin embargo,
escribo estas palabras que quisiera
decirte. Sé que no vas a escucharlas
como yo ahora, y yo no sabré nunca
cómo con la voz mía que más quiero,
esa que ahora escuchas, te las digo.

De qué modo me escuchas, no sabría,
y es el modo lo único que busco:
no el modo de decir esto o aquello
sino el modo en que puedo, simplemente,
decir: esto o aquello, lo que escuchas,
la voz de mis palabras, no la mía.

Siempre huyendo de mí, siempre perdida,
es un acorde apenas, o una forma
que fluye recordando, hecha de olvido:
lo que escucho es la música apagada
que me impide ir oyendo lo que digo
y me hace decirlo en lo que escuchas.

Oración de agua absorta, lo que escuchas
habla como la fuente en la espesura,
como el viento en las hojas y la lluvia
que está afuera de pronto desde siempre
y está siempre pensando en otra cosa.
No sabría decirlo, sin embargo.



Alguien a quien no conozco me escribió después de toparse con este poema. Lo publiqué hace tanto tiempo (en la revista Vuelta, núm. 174, mayo de 1991, nunca en un libro) que la mayor parte de quienes visitan el blog no lo conocerán. Puede que, como a mí, les guste.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Iba de negro bajo la nevada

Thomas, viendo esta foto, recordó un haiku de Kikaku:

     我がものと思えば軽し傘の雪
     waga mono to omoeba karushi kasa no yuki

que podría traducirse así:

     Pienso que es mía
     y es más leve: la nieve
     de mi sombrilla.

Hay varias versiones. En una, en lugar de karushi (ligera) se lee yoroshi (buena); en otra, las dos sílabas de kasa se leen no como "sombrilla" sino como "sombrero de paja" —y esta debe ser la primera, si es cierto que el poema está inspirado en una estampa en que el poeta chino Su Tung Po aparece con el sombrero cargado de nieve. Pero el sentido es el mismo. En la época de Edo se decía que las cosas que uno deseaba eran "nieve en la sombrilla".
        Takarai Kikaku (1661-1707) fue discípulo y editor de Basho pero sus relaciones con el maestro fueron de mal en peor y acabaron en nada. Su nombre no aparece en Oku no hosomichi, esas Sendas de Oku en cuyas páginas Basho recuerda a otros compañeros, como si se despidiera de ellos. Tal vez es que eran personalidades muy distintas. A Kikaku le gustaban los juegos de palabras y los placeres mundanos.

martes, 18 de septiembre de 2007

Amistad de pinos y ciruelos

El poeta Fujiwara no Okikaze, del que recogen diecisiete poemas el Kokinshû y veintiuno las otras antologías imperiales, es uno de los treinta y seis poetas inmortales. En el Hyakunin Isshu aparece con este poema:

誰をかも知る人にせむ高砂の松も昔の友ならなくに 藤原興風
tare o ka mo/ shiru hito ni semu/ takasago no/ matsu mo mukashi no/ tomo nara naku ni

     ¿Habrá quedado
     alguno de los míos?
     En Takasago
     los pinos son muy viejos
     pero no son amigos.

Los comentaristas se entretienen en discutir por qué los pinos (demasiado viejos o jóvenes o virtuosos para el hombre) no son amigos, y si takasago (elevación considerable —colina, duna— del terreno) es nombre genérico o particular. Es mejor, para efectos poéticos, lo segundo.
     No es difícil ver la relación entre el poema de Okikaze y el que le sigue en la antología de Teika, el famoso de Ki no Tsurayuki, compilador del Kokinshu:

人はいさ心も知らずふるさとは花ぞむかしの香に匂ひける 紀貫之
hito wa isa/ kokoro mo shirazu/ furusato wa/ hana zo mukashi no/ ka ni nioi keru

     Es insondable
     el corazón del hombre,
     pero en mi pueblo
     huelen igual que antes
     las flores del ciruelo.