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miércoles, 14 de marzo de 2012

Luciérnagas las brasas

nieve flotante

暮れやらぬ庭の光は雪にして奥暗くなる埋み火のもと
花園院


Casi anochece.
En el jardín la luz
es de la nieve.
Adentro las tinieblas
a las brasas envuelven.



Ayer nevó un poco en Kioto por segundo día consecutivo en marzo y recordé este poema del Emperador retirado Hanazono (1297–1348), que hasta ahora encontré. Recuerda desde luego el dicho sobre “la luz de las luciérnagas, la nieve en la ventana” 蛍の光、窓の雪 que alumbra a los estudiantes pobres, originado en una historia de la dinastía Tang a la que no creo que aluda Hanazono pero cuya memoria, alentando en las brasas las luciérnagas, no me parece impertinente. La foto es de ©lamonse.

martes, 2 de junio de 2009

Estaba en mi buzón el otro día

Nueva edición del Hôjôki en la versión española de Masateru Ito que ya hemos comentado aquí hace tiempo. En Emecé, con un prólogo de María Kodama que no añade mayor cosa a lo dicho por el traductor en la introducción y se demora en cambio en una consideración equívoca del Chiteiki (que no es una "obra china en prosa" sino en todo caso una "obra en prosa china" y, si bien es tenida en general como modelo e inspiración del Hôjôki, es innecesario descartar como el original que Kamo no Chômei habría traducido, pues nadie lo ha tomado por tal) pero que acaso ayude a vender el libro. Ojalá que la próxima edición pueda ser bilingüe.

sábado, 9 de mayo de 2009

El poeta se lava la cabeza


oldman and his golden fish, originally uploaded by ajpscs.

Miro el peine y el agua, y lo que va cayendo.
Lejos mis años y el que fui, ya no me tengo.
No me digas que pierdo cada día el cabello:
mejor ve cómo crecen las barbas de mis nietos.

Shimada no Tadaomi (829 – 891)

* * *

Kanshi. De la versión inglesa de Burton Watson en Japanese Literature in Chinese, Columbia University Press, 1975.

jueves, 31 de julio de 2008

Shuntarô Tanikawa vuelto un río

河
E L R Í O


過ぎたことが
Lo que se ha ido
ふたたび私を遡ってきた
se remonta hasta mí otra vez
私は河になる
y yo me vuelvo un río.

見知らぬ記憶が
Los recuerdos desconocidos
その夜を開くと
se abren en la noche
私はどっとその中へ流れこんでゆく
y yo fluyo de pronto hacia su adentro.

(だが私は世界の井戸を満たせない
(Pero el pozo del mundo no podría colmarlo.
すべての雲になれない
No puedo ser todas las nubes.
一滴の露でもない)
Soy menos que una gota de rocío.)


           谷川俊太郎 / Shuntarô Tanikawa

miércoles, 30 de julio de 2008

Mira lo que te traje de regalo

El amigo Matías Letelier me pide que traduzca un mensaje que alguien dejó en la página del Club de Amigos de la Literatura japonesa de Facebook, y resulta ser una línea de Matsuo Bashô:

富士の風や扇にのせて江戸土産
fuji no kaze ya ôgi ni nosete edo miyage


¡Viento del Fuji!
Te lo traigo de Edo
en mi abanico.


Los diccionarios suelen dar souvenir como equivalente de miyage, y hay quien así lo traduce. No es lo mismo. Se souvenir es en francés “acordarse” pero en inglés, de donde lo toma el japonés, a souvenir no es un recuerdo, aunque también haya quien así lo traduce: es un objeto ligado a la memoria de un viaje, que la gente conserva para recordar dónde estuvo: memento, keepsake.
           El omyage no se conserva: se compra para regalárselo a la familia, los amigos, los compañeros de trabajo y decirles que se los tuvo en mente durante el viaje. O se compra, más frecuentemente, para cumplir con la obligación social de dar omyage, como muestra el que se vendan en la estación de Tokio, para tal efecto, omyage locales de todo el territorio japonés. (Algo tienen en común con los souvenir: suelen ser tan espantosos como inútiles.)
           Matsuo Bashô, que escribió su poema como hokku inicial de una cadena colectiva, se burla con gracia de esa costumbre: lo que regala no es ese mínimo abanico en el que está dibujado el Monte Fuji, sino un poco de aire. No es poca cosa, en este verano.

martes, 29 de julio de 2008

Me da su desnudez entre jirones

A N D R A J O S

La poesía
vino
antes del alba

vistiendo
raídas
palabras.

No tengo nada
que regalarle
y ella sólo me da

la desnudez
que alcanzo a ver
entre jirones.

Una vez más
remiendo
sus andrajos.



N O C H E

De noche
desde dónde
rumor de agua que hierve.

Una nada
de veneno
es medicina.

La gente invade
sin consideración
a la gente.

Sin palabras
fluye
el corazón

hacia la gente
hacia el silencio
hacia la tenue lámpara.



C A N C I Ó N

Alguien
está
cantándome

en tono de nube
con armonías
de árboles.

Un día el pulso
del corazón
va a detenerse.

Y la canción
en tu alabanza
continuará.

En la ribera
fluye la melodía
del agua.

En las ruinas
resuena la pausa
de la noche.



Y O

Bendito
en los pechos
y entre leves
sonidos,

en la Vía Láctea
y en las hormigas
de la hierba
bendito,

en ese momento
y en ese sitio
estaba

ese
yo,
vuelto a la tierra.

            Shuntarô Tanikawa



Traducción de Aurelio Asiain. Con los dos poemas finales de la entrada anterior, los tres primeros de los que aquí copio aparecieron en el libro Kôten. Lecturas cruzadas Japón–América Latina, publicado por la Editorial de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, 2005. Los dos últimos se publicaron también en la Revista de la Universidad de México, en Septiembre de 2005.

domingo, 27 de julio de 2008

Cuatro de Shuntaro Tanikawa

Á R B O L

Muy pronto seré un árbol.
El dedo medio me hormiguea,
hay brotes en mis yemas.
Me descubro otras hojas
en el dedo anular y el índice, y el brazo
se me bifurca en ramas ágiles.
Bajo la camiseta
tengo un tronco rugoso.
Los dedos de mis pies entran al lodo,
agua tibia me sube al bajo vientre.
Voy a dejar de ir a la escuela.
Voy a dejar el beisbol y la pesca.
Voy a quedarme quieto, hasta de noche.
La lluvia me refresca.
Nadie se fija en mí.
Pasan corriendo al lado.
Aquí me quedaré hasta que me seque.
Murmurando, cimbrado por el viento.



SECRETO

Alguien oculta algo.
No sé quién,
no sé qué.
Si lo supiera lo sabría todo.
Aguanto la respiración y escucho
el rumor de la lluvia por el suelo.
Algo estará ocultando.
Cae para que sepamos su secreto
pero no puedo descifrar su código.
Me escurro en la cocina,
husmeo,
veo la espalda de mi madre.
También oculta algo.
Piensa en sus cosas mientras ralla un rábano.
Me intrigan los secretos
pero nadie me cuenta nada.
Me asomo al agujero de mi pecho:
sólo veo, nublado, el cielo negro.



TOBA 1

No tengo nada que decir en este instante.
Estoy sentado aquí nomás, tomando el sol.
Mi mujer es hermosa
y mis hijos encantadores.

¿Te digo la verdad?
No soy ese poeta
que finjo ser.

Fui creado y aquí estoy, descartado.
Mira: aunque es oscuro el mar,
la luz rompe en las rocas.

De veras que no tengo qué decirte
salvo que el día está empapado de sol y paz;
aunque la sangre corra por las calles de tu ciudad.
Voy a estar siempre encandilado por este sol.


TOBA 11

No intento preservar este instante en el tiempo.
Tiene cierto valor
y no lo dejaré pasar inadvertido.
Pero la luz se escapa todo el tiempo

y aun estas palabras,
escritas en la arena
—aunque no por dedos—
están sujetas al capricho.

Mis hijos se parecen
a mí completamente, y no.
Estoy contento.

Como estos guijarros, conchas y trozos de botellas,
tan duro como frágil,
mi corazón humano se lava en la playa.


Traducción de Aurelio Asiain. Estos cuatro poemas de Shuntarô Tanikawa se publicaron por primera vez en agosto de 2004 en la revista mexicana Letras Libres. Toba es el nombre de un lugar de veraneo, cercano a Ise y célebre por sus perlas.

martes, 18 de marzo de 2008

Tira el pincel, saca la cámara


This is a state of mind, originally uploaded by ionushi.

Rudyard Kipling se asombraba, en las crónicas periodísticas que escribió en Japón quince años después de que el país se abriera a Occidente, de la afición japonesa por la fotografía. En el caso del empresario Shinzo Fukuhara (1883-1948), que tras hacer estudios de farmacia en Estados Unidos y de pintura en Europa se dedicó a la industria de los cosméticos (fue el segundo presidente de Shiseido, compañía fundada por su padre, y quien trazó sus rasgos definitivos) se trato de una verdadera pasión. Poeta también, Fukuhara es autor de estos versos:

      Corre descalzo por el campo
      Sacude las ramas de un árbol
      Salta sobre una zanja
      Grita
      Aúlla
      Tira el pincel
      Saca la cámara
      Gira los lentes
      Toma una foto y otra y otra

Forman parte de uno de los muchos escritos sobre fotografía que publicó para emprender, al mismo tiempo que otros lo hacían en Occidente, una crítica decidida del pictorialismo fotográfico. Un pintor, decía Shinzo Fukuhara, atiende a la línea, la forma, la composición; un fotógrafo es ante todo sensible a “los tonos de la luz y la sombra”. Era una crítica marcada por la sensibilidad japonesa y que desligaba la fotografía de la pintura para acercarla a la poesía. En un ensayo escrito, como los versos anteriores, en 1926, Fukuhara escribió:

Tomar una fotografía es como componer un haiku, sólo que con una cámara. No es más complicado que disparar el obturador cuando llega el momento, y se puede tomar la foto en una décima de segundo. Cuando el momento llega es como si el corazón se hubiera fundido con la naturaleza y vuelto uno con ella... Los límites artísticos de la fotografía no son, me parece, distintos de los de la poesía.

Las fotos de Shinzo Fukuhara no hacen pensar, en efecto, en la agitación de los versos arriba citados sino en la iluminación serena de un haiku. Para no infringir los derechos de autor, remito al lector a la Colección de fotografías de Shinzo Fukuhara y Roso Fukuhara que hay en el sitio web de Shiseido. Me gusta pensar que la que ilustra esta invitación, y que tomé en Motohakone una tarde de mayo de 2002 (no tan tarde como hace pensar la niebla que llegaba) les debe algo a las de los dos hermanos.



(Nota escrita y publicada —no recuerdo dónde— en 1997 “para saludar los 95 años de Manuel Álvarez Bravo”.)

domingo, 6 de enero de 2008

Fluye el río en la prosa y en los versos

La lista de Translations of Classical Japanese Works publicada por la Universidad de Meiji Gakuin registra diecisiete traducciones del Hôjôki (siete al inglés, tres al alemán, dos al francés, una al español, checo, esperanto y japonés moderno) y olvida por lo menos dos. A lo largo de los años he leído seis versiones inglesas y dos francesas de esa crónica de calamidades redactada por Kamo no Chômei en 1212, aparte de la recreación en verso de Basil Bunting (y su traducción por Aurelio Major). Con todas ellas y el casi mudo original delante, inicié a fines de 1997 una versión española que decidí felizmente abandonar cuando apareció la de Jesús Carlos Álvarez Crespo en la editorial Hiperión. Entre mis borradores había uno que intentaba los alejandrinos:

           Fluye incesante el río, nunca es la misma el agua,
           la espuma en el remanso se disuelve y se forma
           cada instante. Y así los hombres y sus casas.

Lo cual traduce con bastante fidelidad el primer apartado del libro pero, aunque sigue casi linealmente sus palabras, les da una forma del todo ajena al original. Al anotar esas líneas espontáneas, me vinieron a la mente las iniciales de East Coker: "In my beginning is my end. In succession/ Houses rise and fall..." Y se me hizo de inmediato evidente que el traductor idóneo del clásico japonés a nuestra lengua sería José Emilio Pacheco, autor de una versión maestra de los Four Quartets y cuya propia poesía es tan afín a la del Hôjôki, una meditación sobre el carácter efímero de los hombres y sus obras que influyó en Matsuo Bashô, al que ha traducido Pacheco.
           La prosa del eremita es una crónica en la que los acontecimientos fundamentales son el incendio de 1177, poco después de la muerte de su padre; el vendaval de 1180; el traslado de la capital a Fukuhara, el mismo año; la hambruna de los dos años siguientes; el gran terremoto de 1185. El título no alude a esos eventos; Hôjôki quiere decir "Relato desde una choza", y la meditación de Kamo no Choomei tiene el espacio de nueve metros cuadrados de esa choza como último centro. Casi al final del libro leemos:


           No apegarse a las cosas, fue la lección de Buda.
           Pero adoro esta choza. Es pecado. Deseo
           paz y serenidad: esa es mi atadura.

¿Qué nos lleva en esa prosa a los versos? Según Bunting, Chômei "se propuso un poema más o menos elegiaco pero no tuvo el tiempo ni quizá, a sus años, la energía para inventar lo que en Japón hubiera sido una forma completamente nueva, ni para condensar adecuadamente su material"... como haría por suerte Bunting pasado el tiempo, para mayor gloria de Occidente. Pedanterías aparte, es significativo que, como señala Donald Keene, el Hôjôki no mencione la lucha devastadora entre los clanes Taira y Minamoto, el gran hecho político de su época. Antes que las catástrofes históricas de que da cuenta el relato, importa la experiencia personal del autor: su experiencia del tiempo, que es hondamente rítmica. Los párrafos del Hôjôki giran como estrofas y la visión de la vanidad del mundo vuelve como un ritornelo entre las catástrofes.
           Algunos especialistas arguyen, para escándalo de los más tradicionales, que el apego de Chômei a las enseñanzas de Buda es poco o es irónico, y discuten si ello es signo de mayor o menor pesimismo. Con excepción de Bunting, que leyó el texto en italiano, todos coinciden en que se trata de una pieza maestra de la prosa japonesa. Me atrevo a suponer que el valor principal de esa prosa está justamente en unas propiedades rítmicas que la lengua original puede lograr en prosa pero que en los versos imaginados por Bunting hubiera resultado cacofónico. Nuestras lenguas reservan esas magias para el verso.
           El traductor de la versión más reciente del Hôjôki a nuestra lengua es un hispanista japonés, graduado de la Universidad de Estudios Extranjeros de Osaka, y diplomático de carrera: Masateru Ito, que fue embajador en Venezuela y a quien se debe la versión japonesa de las Cartas de Relación de Hernán Cortés. Su notable versión, “interpretando la intención esencialmente poética del autor”, fluye en verso libre:

           La corriente del río
           jamás se detiene,
           el agua fluye
           y nunca permanece
           la misma.

           Las burbujas que flotan
           en el remanso
           son ilusorias:
           se desvanecen, se rehacen
           y no duran largo rato.

           Así son los hombres
           y sus moradas
           en este mundo.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Olas contra la roca destrozadas


Ichiyusai Kuniyoshi, originally uploaded by ionushi.

Ninguna entre todas las versiones que he intentado del Hyakunin Isshu me ha dejado tan satisfecho como la de este poema de Minamoto no Shigeyuki; no por su siempre discutible fidelidad sino por el poema resultante:

           風をいたみ   岩うつ波の   おのれのみ   くだけて物を   思ふころかな
           kaze wo itami   iwa utsu nami no   onore nomi   kudakete mono wo   omou koro kana

           Como las olas
                 que furioso echa el viento
                       contra las rocas:
           así estoy yo, deshecho,
                 entre mis pensamientos.

Casi todos los comentaristas coinciden en señalar como centro del poema la imagen de la amada inconmovible y dura como una roca, contra la que se estrella la pasión que arrebata al enamorado, pero en mi traslado la atención se enfoca en el agua, imagen de esa pasión. Lo mismo ocurre en el grabado de Ichiyusai Kuniyoshi (Edo, 1797—Tokio, 1861), pero en su visión el desplazamiento es aun mayor y acaba por invertir la lectura normal del poema pues las olas, símbolo de la pasión del hombre, cobran en ella forma de mujer. Kuniyoshi, con la libertad con que durante siglos han interpretado los artistas japoneses a sus clásicos, recreándolos para crear obras autónomas, pinta no lo que el poema dice sino lo que acaso todo amante, y entre ellos el que habla en el poema, siente con claridad al pensar en la amada: mi pasión tiene esta forma. 

lunes, 5 de noviembre de 2007

Borra la luna el ritmo de la lluvia

El 28 de octubre vimos, en el Kongo Nohgakudo (el nuevo teatro Noh que se encuentra a un costado del Palacio Imperial en Kioto), una cautivadora representación de Ugetsu. La obra se atribuye a Komparu Zenchiku (1405 – 1468) y su tema es la poesía. Saigyô, el monje poeta del siglo XII, llega al santuario de Sumiyoshi y pide albergue a una pareja de ancianos que vive en una choza ahí mismo. Han discutido cómo debe ser un poema sobre su casa; ella disfruta la visión de la luna entre los agujeros del techo, él prefiere el sonido de la lluvia en el techo, y piden la opinión de su huésped. Saigyô sugiere felizmente que el poema se inicie con la mención de ambas cosas (de ahí el título de la obra: Ugetsu, luna con lluvia) y, la discusión así zanjada, los tres se embarcan entonces en una charla sobre el sentido de la forma en la poesía y la visión de la naturaleza. El viejo, al fin, revela ser el mismo dios Sumiyoshi, patrón de la poesía.
      Esta mañana, hojeando distraidamente la antología de Shirane, caí en este hokku de Shinkei (1406 – 1475), uno de los más destacados autores de renga:

      聞くほどは   月を忘るる   時雨かな
      kiku hodo wa tsuki wo wasururu shigure kana

      Al escucharlo
      te olvidas de la luna:
      breve chubasco.

Es, apenas hace falta decirlo, un poema de otoño, estación de grandes lunas y breves chubascos. A juzgar por las reseñas, parece bueno el libro de Esperanza Ramírez–Christensen, Heart's Flower. The Life and Poetry of Shinkei, que no conozco todavía.

domingo, 14 de octubre de 2007

De qué modo me escuchas,

no sabría decirlo, y sin embargo,
escribo estas palabras que quisiera
decirte. Sé que no vas a escucharlas
como yo ahora, y yo no sabré nunca
cómo con la voz mía que más quiero,
esa que ahora escuchas, te las digo.

De qué modo me escuchas, no sabría,
y es el modo lo único que busco:
no el modo de decir esto o aquello
sino el modo en que puedo, simplemente,
decir: esto o aquello, lo que escuchas,
la voz de mis palabras, no la mía.

Siempre huyendo de mí, siempre perdida,
es un acorde apenas, o una forma
que fluye recordando, hecha de olvido:
lo que escucho es la música apagada
que me impide ir oyendo lo que digo
y me hace decirlo en lo que escuchas.

Oración de agua absorta, lo que escuchas
habla como la fuente en la espesura,
como el viento en las hojas y la lluvia
que está afuera de pronto desde siempre
y está siempre pensando en otra cosa.
No sabría decirlo, sin embargo.



Alguien a quien no conozco me escribió después de toparse con este poema. Lo publiqué hace tanto tiempo (en la revista Vuelta, núm. 174, mayo de 1991, nunca en un libro) que la mayor parte de quienes visitan el blog no lo conocerán. Puede que, como a mí, les guste.

martes, 2 de octubre de 2007

La luna será ahora de memoria

La semana pasada, durante el tsukimi, debí traer a cuento este poema de Minamoto no Sanetomo, pero no lo recordé hasta esta mañana, por una de esas asociaciones de ideas difíciles de explicar — y largas de contar. Es el número 420 en la edición del Kinkai wakashû (la colección de poemas de Sanetomo) preparada por Yoshimaro Higuchi para Shinchosha, Tokio, 1971.

     數ならぬ 身は浮き雲の よそながら 哀れとぞ思ふ 秋の夜の月
     kazu naranu  mi wa yukikomo no  yoso nagara aware tozo omohu aki no yo no tsuki

     Ay, yo no cuento,
     nube distante, suelta,
     a la deriva...
     —¡pero me mueves, luna
     de la noche de otoño!

Sigo, en esta traducción, la lectura de Higuchi(1), aunque tomándome una libertad mayor. Las palabras aware tozo omohu, que aparecen también en un poema del Genji Monogatari, quieren decir algo así como “pienso en ti y me conmuevo”, y podrían llanamente traducirse como “te amo”.

(1) 人の数にも入らない私だけれど、浮き雲のように遠く離された所からにせよ、秋の夜の月みたいに美しいあなたを、心からお慕いしております。

lunes, 24 de septiembre de 2007

Iba de negro bajo la nevada

Thomas, viendo esta foto, recordó un haiku de Kikaku:

     我がものと思えば軽し傘の雪
     waga mono to omoeba karushi kasa no yuki

que podría traducirse así:

     Pienso que es mía
     y es más leve: la nieve
     de mi sombrilla.

Hay varias versiones. En una, en lugar de karushi (ligera) se lee yoroshi (buena); en otra, las dos sílabas de kasa se leen no como "sombrilla" sino como "sombrero de paja" —y esta debe ser la primera, si es cierto que el poema está inspirado en una estampa en que el poeta chino Su Tung Po aparece con el sombrero cargado de nieve. Pero el sentido es el mismo. En la época de Edo se decía que las cosas que uno deseaba eran "nieve en la sombrilla".
        Takarai Kikaku (1661-1707) fue discípulo y editor de Basho pero sus relaciones con el maestro fueron de mal en peor y acabaron en nada. Su nombre no aparece en Oku no hosomichi, esas Sendas de Oku en cuyas páginas Basho recuerda a otros compañeros, como si se despidiera de ellos. Tal vez es que eran personalidades muy distintas. A Kikaku le gustaban los juegos de palabras y los placeres mundanos.

martes, 18 de septiembre de 2007

Amistad de pinos y ciruelos

El poeta Fujiwara no Okikaze, del que recogen diecisiete poemas el Kokinshû y veintiuno las otras antologías imperiales, es uno de los treinta y seis poetas inmortales. En el Hyakunin Isshu aparece con este poema:

誰をかも知る人にせむ高砂の松も昔の友ならなくに 藤原興風
tare o ka mo/ shiru hito ni semu/ takasago no/ matsu mo mukashi no/ tomo nara naku ni

     ¿Habrá quedado
     alguno de los míos?
     En Takasago
     los pinos son muy viejos
     pero no son amigos.

Los comentaristas se entretienen en discutir por qué los pinos (demasiado viejos o jóvenes o virtuosos para el hombre) no son amigos, y si takasago (elevación considerable —colina, duna— del terreno) es nombre genérico o particular. Es mejor, para efectos poéticos, lo segundo.
     No es difícil ver la relación entre el poema de Okikaze y el que le sigue en la antología de Teika, el famoso de Ki no Tsurayuki, compilador del Kokinshu:

人はいさ心も知らずふるさとは花ぞむかしの香に匂ひける 紀貫之
hito wa isa/ kokoro mo shirazu/ furusato wa/ hana zo mukashi no/ ka ni nioi keru

     Es insondable
     el corazón del hombre,
     pero en mi pueblo
     huelen igual que antes
     las flores del ciruelo.

miércoles, 18 de julio de 2007

La luna irá cuando no esté

Otro poema de Saigyô. La innecesaria nota previa advierte que el poeta se refiere a “lo que le hace pensar la luna en su hospedaje”.

旅宿の月をおもふといふ事を
月はなほ夜な夜なごとにやどるべしわがむすびおく草の庵に

           Tengo muy lejos
           una choza de hierba
           donde la luna
           llega aún a alojarse
           una noche y la otra.

Resuelvo en “allá lejos” la palabra oku, que como saben los aficionados a la poesía japonesa quiere también decir “en lo hondo”, y más precisamente “en lo hondo de las montañas”.

martes, 17 de julio de 2007

Sólo esta falla tienen los cerezos


The entire world within this hut, originally uploaded by ionushi.

Vástago de una acaudalada familia de guerreros aristócratas, a los quince años Satô Norikiyo se incorporó a la guardia del Emperador Toba, en cuya corte destacó por sus habilidades en el juego de pelota, la música y desde luego la poesía, que le dio fama y posteridad con el nombre de Saigyô (1118-1190), bajo el cual tomó la senda de Buda para trazar el camino en que lo emularía cinco siglos después Matsuo Basho. Son particularmente apreciados sus poemas sobre los cerezos, en particular los que escribió en su retiro de las montañas de Yoshino. Uno de los más famosos, porque lo recoge la pieza de nô Saigyô y los cerezos (西行桜, Saigyô zakura) y tal vez porque expresa un sentimiento que el alma gregaria japonesa difícilmente confiesa, es también uno de los que prefiero:

    花見にとむれつゝ人の來るのみぞあたら櫻の咎には有りける
    hanami ni to muretsutsu hito no kuru nomi zo atara sakura no toga ni wa arikeru

    A ver las flores
    vienen una tras otra
    las muchedumbres:
    ¡ay, los cerezos tienen
    esta única falta!

Hay que decir que, aunque las muchedumbres siguen llegando al pueblo de Yoshino, son pocos los los que se acercan hasta la cabaña de Saigyô. La fotografía que ilustra esta página es del 8 de abril pasado, como el resto de la serie que el curioso puede ver con sólo pulsarla.

miércoles, 11 de julio de 2007

Luna en la hierba


Luna en la hierba, originally uploaded by ionushi.

No sé quiénes son los autores de este cartel de los almacenes Seibu, que reproduzco aquí para decir que viéndolo se me ocurrió el título del libro que las Ediciones Hiperión ya han impreso, aunque no pondrán a la venta hasta septiembre, Luna en la hierba. La ocurrencia era tal vez un recuerdo inconsciente, porque esas palabras las usa Neruda en uno de los Cien sonetos de amor, a los que no soy particularmente afecto y que hace muchos años no releo, pero también era una cita impertinente, porque la imagen del título quiere referir a otro poema: el de Fujiwara no Teika que está en la página 87 del libro y cuyo comentario fue el primero que escribí:

           A la deriva
           de la voz de los grillos,
           vi en el rocío
           de una brizna de hierba
           alojada la luna.

Neruda, que no pudo conocer ese poema, habla de una "gota de luna en la hierba", lo que parece más cerca de Teika pero tiene menos gracia y se refiere, en realidad, a otra cosa.

jueves, 28 de junio de 2007

Otra luna de entonces

En el lapso de quince días de 1200, para participar en una comisión imperial a la que con muchos esfuerzos había logrado hacerse invitar, Fujiwara no Teika escribió la Centena de la Era de Shôji, que contiene algunos de sus poemas más conocidos. Traduzco el número 47 de la serie:

           思ふことまくらもしらじ秋の夜のちじにくだくる月のさかりは。
           omou koto makura mo shiraji aki no yo no
           chiji ni kudakuru tsuki no sakari wa


           Ni mi almohada
           en la noche de otoño
           sabe qué pienso,
           deshecho en mil pedazos
           bajo la luna en flor.

Tal vez sean excesivamente literales las siete sílabas finales: ¿tsuki no sakari es metáfora de la lengua o, como me inclino a pensar, del poeta? ¿Habría que decir sencillamente “la luna llena”? No es difícil escuchar los ecos del poema de Oe no Chisato que Fujiwara no Teika eligió para el Hyakunin Isshu:

           月見れば千々に物こそ悲しけれわが身ひとつの秋にはあらねど
           大江千里
           tsuki mireba chiji ni mono koso kanashikere
           waga mi hitotsu no aki ni wa aranedo

           Viendo la luna
           mil y mil cosas pienso
           que me entristecen
       —quien recibe el otoño
       no soy yo solamente.

martes, 26 de junio de 2007

Una almohada en dos mundos

Takaatsu Yanagihara, comentando la Luna en la hierba que le envié, me escribe: “¡Duro debe de haber sido el trabajo de seleccionar!” La verdad es que no. No elegí los poemas (mejores, más famosos, más representativos) para luego traducirlos; fui traduciendo lo que se dejaba traducir: lo que podía salir bien en español, acomodándose a la forma fijada y sin traicionar el sentido del original. Los años de práctica desarrollan la intuición, y hay cosas que ni se intentan. A veces nos equivocamos, claro, y lo que parecía un paseo resulta un berenjenal. O sencillamente no sale. Así este poema de Minamoto no Sanetomo, alto poeta y tercer shogún de Kamakura, que parecía tan fácil de resolver y se ha quedado a medias:

     あかつきの夢の枕に雪つもりわが寝覚訪ふ峰の松風
      源実朝

     akatsuki no yume no makura ni yuki tsumori
     waga nezame tou mine no akikaze


     En la almohada
     del sueño, al alba, nieve
     acumulada.
      Desperté. En la cumbre,
      el viento entre los pinos.

El kaminoku (en español los tres primeros versos) no presenta, en principio, dificultades: la traducción es literal. Pero sólo en principio, porque tenemos el problema de la almohada. Esa palabra árabe, airosa y henchida, que llena la boca y da un gusto casi pecaminoso pronunciar, evoca inevitablemente unos objetos mullidos que invitan a las delicias de la indolencia y el abandono. Piensa uno en plumas de ganso, y en blancas inmensidades, como campos nevados. Pero la makura japonesa es otra cosa: es de madera y dura y rigurosa, como esa k que cae, katana sobre el cuello, en mitad de la palabra y el sueño. La makura del shogún no es para hundir en ella la cabeza, sino para despertarse al borde del alba.
       Es lo que quiere decir la expresión nezame: despertar antes del alba; waga nezame tou: "al despertar, me visitó..." El problema está en el verso final, que es frase hecha, un tópico de la antigua poesía japonesa: mine no matsukaze, “viento entre los pinos de la cumbre”. ¿Cómo meter eso en siete sílabas? ¿Y cómo transmitir la alusión al sonido del viento, clara para el lector japonés avezado? Hay algo más: matsu quiere decir pino pero también “esperar” y el viento entre los pinos es desolado y triste. Un capítulo del Genji y una pieza de teatro nô llevan ese nombre. En la poesía china había dos tipos de cadencia musical: “lluvia de otoño”, fuerte, rápida e intermitente, y “viento en los pinos”, suave y constante. Así se llama también una famosa pieza de shakuhachi.