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sábado, 9 de mayo de 2009

El poeta se lava la cabeza


oldman and his golden fish, originally uploaded by ajpscs.

Miro el peine y el agua, y lo que va cayendo.
Lejos mis años y el que fui, ya no me tengo.
No me digas que pierdo cada día el cabello:
mejor ve cómo crecen las barbas de mis nietos.

Shimada no Tadaomi (829 – 891)

* * *

Kanshi. De la versión inglesa de Burton Watson en Japanese Literature in Chinese, Columbia University Press, 1975.

jueves, 7 de mayo de 2009

No conozco otra foto de Nagao



En la fotografía, tomada en el Hibiya Hall el 12 de octubre de 1960 y publicada en el Mainichi Shinbun al día siguiente, el dirigente del partido socialista japonés Inejiro Asanuma está a punto de ser apuñalado mortlamente por el militante de extrema derecha Otoya Yamaguchi. La toma le valió a Yasushi Nagao el World Press Photo of the Year Award de 1960 y el Pulitzer Prize de 1960, con los que pudo viajar por el mundo. Nagao (1930–2009) murió el 2 de mayo pasado, en su baño.
          El asesinato fue registrado también por las cámaras de la NHK.

domingo, 26 de abril de 2009

Otra vez la hojarasca de aquel día

Había olvidado que Edilberto Aldán me pidió, hace meses, permiso para que la revista Tierra Baldía, de la Universidad de Aguascalientes, reprodujera algunas de mis fotografía. Así que la publicación me ha tomado por sorpresa. También la selección que hizo Edilberto, fijándose en algunas imágenes que no suelen atraer mucho la atención y que están entre las que prefiero. Sí es muy conocida, para los lectores de este blog, la que han aparece en la portada y que tomé en 2003 Tokio, en el pequeño parque que hay frente al Hotel New Otani, por idea de la Monse, que aparece ahí entre las hojas de ginkgo. Pulsando la imagen de esa portada aquí abajo puede descargarse en un archivo PDF la revista que también puede hojearse siguiendo este enlace.

martes, 18 de noviembre de 2008

Empecé a tomar fotos al nacer

"Nobuyoshi Araki talks about his work". De Contacts Vol. 2, "Portraits of Contemporary Photographers". Serie iniciada por William Klein, 2000. Uno aquí los dos segmentos que encontré en una y otra página de YouTube.

lunes, 1 de septiembre de 2008

La primera comida de septiembre


La primera comida de septiembre, originally uploaded by ionushi.

Para Mónica, que preguntó

Los platos que resultaron hoy, como muchas veces, de lo que encontré a mano en el refrigerador y la alacena y combiné sin receta. Advertirás que, con excepción del aguacate, todos los ingredientes son japoneses, si bien la manera de combinarlos y presentarlos parece más propia del sudeste asiático o de la costa americana del Pacífico, que tan china resulta en tantas cosas.
           Para el plato principal, corté primero en trocitos muy finos cuatro zanahorias pequeñas, de las más delgadas que se encuentran, y dos retoños de bambú; añadí un diente de ajo no muy grande cortado en rebanadas translúcidas. Mezclé lo anterior y lo extendí en la sartén ya caliente a fuego lento y con un leve barniz de mantequilla; agregué una nada de sal y apenas más que nada de pimienta; puse la tapa. Unos tres minutos después coloqué encima, sin revolver, cien gramos de ese hongo pequeño que en japonés se llama nameko (滑子) y el picadillo de media unagi kabayaki (うなぎ蒲焼き), es decir anguila a las brasas aderezada con salsa dulce de soya, y volví a tapar. Cuatro o cinco minutos después revolví todo y lo dejé al fuego hasta que estuvo en su punto; lo pasé a otro recipiente, lo dejé enfriar un poco y añadí un aguacate apenas maduro y una cantidad equivalente de tofu frito (揚げ豆腐), cortados los dos en cubos regulares, ni muy grandes ni muy chicos. Y dispuse el resultado sobre hojas de lechuga en un plato grande, de modo que pudieran comerse como tacos. Según la Monse, estaba buenísimo.
           La sopa fue mucho más fácil de preparar; podría decirse que fue una especie de nyûmen (煮麺): sencillamente, fideos blancos finos de trigo (素麺) a los que añadí una combinación de plantas silvestres (山菜) entre las que había helechos (蕨), puntas finas de bambú (細竹), el nameko mencionado antes, enoki (榎), que según el diccionario se llama en español almezo, y hojas de bambú moso (孟宗竹): combinación que se consigue en el supermercado, y que no hay sino que agregar a los tazones ya servidos con los fideos, en su punto en tres minutos.
           El detalle exótico no fue el aguacate, ya bastante aclimatado, sino el agua de limón, que siempre maravilla y a veces descompone a los nativos. Sin azúcar, como nos gusta.

(La foto se ve mejor aquí.)

viernes, 15 de agosto de 2008

Todo es echarse al agua y navegar


A set on Mifune Matsuri 02, originally uploaded by ionushi.

Por una curiosa coincidencia, ayer salieron a la circulación dos revistas en línea que reproducen fotografías mías. La italiana Photo Couture trae en la última página una imagen a la que hace no mucho me referí aquí (y que abajo aparece en pequeño: es vínculo a la grande). Nihonzaru ("el mono japonés") se suma, con ágil colectiva ligereza, a la inagotable lista de bitácoras en inglés que se esfuerzan por traducir e interpretar este país a los lectores occidentales —casi siempre con fascinada admiración, a veces con repulsa no menos fascinada. La foto que los editores han aprovechado para uno de sus encabezados permanentes (pero que cambian aleatoriamente cada vez que se accede a la página) es la que ilustra esta entrada. La tomé el año pasado cuando empezaba el Mifune Matsuri (Festival de las Tres Barcas) que se celebra el tercer domingo de mayo cada año en el río Oi, al pie del Arashiyama (el Monte de la Tormenta de tantos poemas japoneses) y frente a la desembocadura en que la corriente entra en el Katsura. Es una fiesta muy colorida, en la que boteros y pasajeros de las doce embarcaciones participantes van vestidos a la usanza de la corte imperial de la era Heian, y acompañados de músicos, actores, artistas de todo género y religiosos que, al mismo tiempo que escenifican los rituales del pasado, tocan y bailan y recitan realmente, como realmente celebran los oficios religiosos. Encabeza la flota la Barca Imperial, en la que se representan obras de teatro Nô y se realizan lecturas de poesía china y japonesa. La sigue la Barca del Dragón, en la que los músicos tocan piezas de gagaku, la música de la corte. En la Barca del Fénix, un grupo de miko (las doncellas de los santuarios shinto) lleva ofrendas religiosas tradicionales. Otros artistas y figurantes van en las barcas restantes, en las que se bebe y se come mientras tanto. Y en la ribera, si se llega a buena hora, es posible rentar una lancha de remos. Fue lo que hice, para tomar la serie de fotos que pueden ver aquí.


Name all the colors you see (Estas fotos son enlaces.)

jueves, 14 de agosto de 2008

Mujer mirando al mar, con parasol


The wind, the sea, the waves, originally uploaded by ionushi.

Ayer, siguiendo el margen del Yodo —que es ancho y tiene campos de golf y parques de diversiones y lugares para acampar, y un camino para ciclistas que por desgracia no corre a todo lo largo, aunque casi— hicimos ida y vuelta el trayecto en bicicleta desde Hirakata hasta Maishima, una isla artificial añadida al puerto de Ósaka en 1994 y dedicada a las actividades deportivas, con estadios y gimnasios y canchas para esto y lo otro. No que pensáramos llegar hasta allá, sino apenas a la desembocadura del río y la visión del mar, pero siempre quiere uno ir un poco más lejos, ver qué hay a la vuelta de la esquina o al otro lado del puente. Y lo que había era eso que ven en la foto. Casi nadie, además, porque en estos días en que se recibe a los muertos en casa, o se va a encontrarlos al pueblo, los lugares de esparcimiento están más bien vacíos. Tal vez por eso mismo esa mujer habrá ido hasta allá a ver las olas y las nubes. No le habrá costado tanto llegar como a nosotros, bajo el sol de la tarde y con el viento en contra, y no sabrá que luego vino hasta aquí entre la brisa y las sombras que se fueron poblando de grillos y libélulas y ranas y bichos de toda especie, para que pudieran verla.

jueves, 17 de julio de 2008

(Para no mencionar el Monte Fuji)


The things one has to do, originally uploaded by ionushi.

Los dos o tres lectores que han seguido estas notas desde el principio sabrán que, como los samuráis y los luchadores de sumo, las geishas no están entre las cosas que me interesan de Japón. No me atraen, no me intrigan, las amigas que tengo en la profesión son más divertidas cuando no están en funciones y me fastidia escuchar una y otra vez las mismas preguntas de los visitantes, que ya podrían leer sus guías de viaje en el avión. Lo cual no significa que cuando una me sale al paso en las calles de Gion —azar tan raro como el de toparse con un mariachi en Garibaldi— desperdicie la oportunidad de tomarle una foto. Son populares de inmediato, y una buena manera de aparecerse en Flickr cuando ha estado uno más o menos ausente por un tiempo. Vean si no.

(Pero la foto se ve mejor aquí.)

martes, 18 de marzo de 2008

Tira el pincel, saca la cámara


This is a state of mind, originally uploaded by ionushi.

Rudyard Kipling se asombraba, en las crónicas periodísticas que escribió en Japón quince años después de que el país se abriera a Occidente, de la afición japonesa por la fotografía. En el caso del empresario Shinzo Fukuhara (1883-1948), que tras hacer estudios de farmacia en Estados Unidos y de pintura en Europa se dedicó a la industria de los cosméticos (fue el segundo presidente de Shiseido, compañía fundada por su padre, y quien trazó sus rasgos definitivos) se trato de una verdadera pasión. Poeta también, Fukuhara es autor de estos versos:

      Corre descalzo por el campo
      Sacude las ramas de un árbol
      Salta sobre una zanja
      Grita
      Aúlla
      Tira el pincel
      Saca la cámara
      Gira los lentes
      Toma una foto y otra y otra

Forman parte de uno de los muchos escritos sobre fotografía que publicó para emprender, al mismo tiempo que otros lo hacían en Occidente, una crítica decidida del pictorialismo fotográfico. Un pintor, decía Shinzo Fukuhara, atiende a la línea, la forma, la composición; un fotógrafo es ante todo sensible a “los tonos de la luz y la sombra”. Era una crítica marcada por la sensibilidad japonesa y que desligaba la fotografía de la pintura para acercarla a la poesía. En un ensayo escrito, como los versos anteriores, en 1926, Fukuhara escribió:

Tomar una fotografía es como componer un haiku, sólo que con una cámara. No es más complicado que disparar el obturador cuando llega el momento, y se puede tomar la foto en una décima de segundo. Cuando el momento llega es como si el corazón se hubiera fundido con la naturaleza y vuelto uno con ella... Los límites artísticos de la fotografía no son, me parece, distintos de los de la poesía.

Las fotos de Shinzo Fukuhara no hacen pensar, en efecto, en la agitación de los versos arriba citados sino en la iluminación serena de un haiku. Para no infringir los derechos de autor, remito al lector a la Colección de fotografías de Shinzo Fukuhara y Roso Fukuhara que hay en el sitio web de Shiseido. Me gusta pensar que la que ilustra esta invitación, y que tomé en Motohakone una tarde de mayo de 2002 (no tan tarde como hace pensar la niebla que llegaba) les debe algo a las de los dos hermanos.



(Nota escrita y publicada —no recuerdo dónde— en 1997 “para saludar los 95 años de Manuel Álvarez Bravo”.)

domingo, 16 de marzo de 2008

Interminablemente el infinito


Every gate open to a gate, originally uploaded by ionushi.

Nada más importante, aquí, que guardar las formas y marcar los límites. De ahí que haya una y otra vez que presentarse, declarar la identidad, pronunciar y escuchar discursos, dar y recibir tarjetas. De ahí, también, que saludemos la primavera y la aparición de los cerezos, las primeras cigarras del verano, los grillos y la luna del otoño, los vientos del otoño que anuncian el invierno. De ahí que vayamos de templo en templo, de santuario en santuario, presentando nuestros respetos, tocando la campana, encomendándonos a todos los dioses. Nos asomamos una y otra vez a lo desconocido, las puertas se suceden una a otra. Pero no entramos: cada puerta da a otra puerta, no pasamos del umbral.  Como en Fushimi Inari, donde diez mil y tantos torî (ese arco que señala en los santuarios del shinto el límite entre el espacio profano y el sagrado) se suceden por una senda vertiginosa que sube y baja por el monte a espaldas del santuario, a veces bifurcándose para volver a encontrarse, todo el tiempo perdiéndonos. Entramos interminablemente y no acabamos de entrar. ¿Por qué, si nos extenúa, quisiéramos que continuara siempre?

viernes, 30 de noviembre de 2007

Escritura camino a la ceniza


Let them get what they want, originally uploaded by ionushi.

Durante el fude kuyô (筆供養, “funeral de los pinceles”), que se realiza en fechas próximas al cambio del año en diversos templos y santuarios de Japón, los calígrafos y hombre de letras agradecen su servicio y sus dones a los instrumentos de escritura entregándolos al fuego, de mano de los oficiantes y en la solemnidad de los cantos rituales. Dicen que quienes son tocados por el humo mejorarán su escritura. No necesito confesar que el viento no estuvo a mi favor.
           La ceremonia se celebra en fecha variable. En el Nikaido (二階堂) de Kamakura, dedicado al poeta, letrado y político de la época Heian Sugawara no Michizane (794-1185/92), el 25 de enero. En el Shogaku-an (正覚庵), subtemplo del Tofukuji, vasto complejo zen de Kioto donde tomé la foto que aparece en esta página, el 23 de noviembre de 2007.

martes, 13 de noviembre de 2007

Es sólo una muchacha que pasaba


boogie, originally uploaded by junku-newcleus.

Cuanto estaba ya en orden y sin gracia: la línea blanquísima del suelo, las ruedas, canastillas y manubrios, esa ropa sin duda bien planchada, y lo que en un instante ocurre: esa mano a la altura del sillín —¡qué importante la uña del pulgar!—, en la otra la bolsa que no pesa, la sandalia en la raya, por supuesto, y ese otro pie en el aire, ese ángulo, esa nada: esa mujer que pasa, que tal vez huye de la cámara, bailando sin saberlo, iluminada. Todo cae en su sitio de repente, pero de qué manera inesperada.

No es el rincón de un bar, hondo en la noche de Nagoya, ni una acera orillándose hacia el alba; no hay alcohol ni tabaco, como en tantas fotos de junku, y esta mujer sin rostro ha de ser tímida, a diferencia de las otras, descaradas. Pero la perfección, la gracia, la luz de lo que pasa, la oscuridad iluminada: eso está en cada foto suya —aunque esta que aquí he puesto, a plena luz del día, nos resulte un instante tan extraña. 

jueves, 8 de noviembre de 2007

Al salir de la escuela y sin saberlo


after school(1), originally uploaded by utoutokumasan.

¿Qué me emociona en esta fotografía? Aprecio, desde luego, la perfecta composición, el delicado equilibrio de luces y sombras, la geometría del escenario, abstracto de no ser por los árboles y, claro, esas figuras que entran graciosamente en escena, como si ejecutaran, con ligereza y precisión, una coreografía bien sabida. Me gusta el ideograma que trazan en el aire y la alegría en los rostros. Me conmueve, sin duda, el contraste entre la efímera intensidad de ese momento y el mudo escenario irrelevante, que permanecerá. O tal vez sea sobre todo otra cosa: la certidumbre de que todo eso, el modesto milagro de la escena, ellos ni siquiera lo han visto. Ni falta que les hace.

La fotografía es del portentoso utoutokumasan.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Iba de negro bajo la nevada

Thomas, viendo esta foto, recordó un haiku de Kikaku:

     我がものと思えば軽し傘の雪
     waga mono to omoeba karushi kasa no yuki

que podría traducirse así:

     Pienso que es mía
     y es más leve: la nieve
     de mi sombrilla.

Hay varias versiones. En una, en lugar de karushi (ligera) se lee yoroshi (buena); en otra, las dos sílabas de kasa se leen no como "sombrilla" sino como "sombrero de paja" —y esta debe ser la primera, si es cierto que el poema está inspirado en una estampa en que el poeta chino Su Tung Po aparece con el sombrero cargado de nieve. Pero el sentido es el mismo. En la época de Edo se decía que las cosas que uno deseaba eran "nieve en la sombrilla".
        Takarai Kikaku (1661-1707) fue discípulo y editor de Basho pero sus relaciones con el maestro fueron de mal en peor y acabaron en nada. Su nombre no aparece en Oku no hosomichi, esas Sendas de Oku en cuyas páginas Basho recuerda a otros compañeros, como si se despidiera de ellos. Tal vez es que eran personalidades muy distintas. A Kikaku le gustaban los juegos de palabras y los placeres mundanos.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Texto de sala

FORMAS DE JAPÓN

Japón no es “el imperio de los signos”, como dijo Barthes: es el imperio de las formas.
Octavio Paz, carta a Pere Gimferrer, 1983.

En 1938, para elogiar la Historia de Genji, Borges la comparó con el Quijote y observó memorablemente que la novela de Murasaki “es más compleja y la civilización que denota es más delicada”. Casi medio siglo después, al volver de su única visita a Japón, declaró que durante la estancia se había sentido

“continuamente agradecido, continuamente atónito, continuamente indigno de lo que yo podía ver a través de mi ignorancia y de mi ceguera... me he sentido un bárbaro en el Asia. Concretamente en Japón. Eso no me ha entristecido. El hecho de compartir de algún modo una cultura que me parece harto más compleja que la nuestra, me alegró.”

Harto más compleja, en efecto, y notoriamente más delicada, así en la minuciosa inmensidad de sus poemas mínimos como en el intricado ascetismo de los jardines de arena o la ceremonia del té, pero también en los elaborados rituales del trato cotidiano o en la acabada perfección de las líneas del asfalto. La afición a Japón ha ocupado más de la mitad de mi vida; nunca me atrajeron las geishas ni las luchas de sumo ni los aparatos electrónicos. Fue, sin que lo haya sabido claramente, algo mucho más antiguo y más esencial, también más indefinible: la continua voluntad de perfección, la disciplina de la belleza, la certidumbre de que no hay más allá que aquí mismo y la imposibilidad de pensar en el futuro más que en tiempo presente. La maravilla de un pueblo, como ha dicho Arthur Koestler, “de ascetas hedonistas”. Un pueblo, es sabido, tan antimetafísico como ritualista y en el que, según quieren mostrar en una secuencia rítmica las fotografías de esta exposición, la devoción de lo mínimo se resuelve en el vértigo del infinito. Dicho lo anterior, el espectador no se sorprenderá de encontrar en esta selección muy poca gente, y siempre en fuga. Tampoco debiera escaparle que el tema de las fotografías son las obras de esa gente y que, a cambio de escatimar los “paisajes naturales”, la muestra quiere mostrar la naturaleza profunda de su cultura.
No exagero al decir que durante los cinco años largos que he vivido en Japón no ha habido día en que no me haya sentido, como Borges en sus dos semanas de turismo, continuamente agradecido, continuamente atónito. Las fotografías de esta muestra quieren dar prueba de ello.

A.A.
(Texto de sala para la exposición fotográfica Formas de Japón en la Casa de Cultura
Jesús Reyes Heroles, Coyoacán, ciudad de México, 9 de agosto a 30 de septiembre de 2007.)