No imaginé que las dos breves notas de la semana pasada sobre el haiku suscitarían tantas respuestas, al pie y por correo, en prosa y en verso. Ninguna me alegró tanto como el puñado de “poemillas de falsa japonería” que me remitió
Luis Vicente de Aguinaga. Pese a la cautela con que los describe su autor, alguno (así el primero, con las hormigas como
kigo de verano y el sol como
kireji) es un perfecto haiku; algún otro (el último, admirable, pero menos visión que idea) no lo es del todo o no lo es para nada. Todos son desde luego poemas indudables, y el título común indica que han de leerse como una secuencia —a la que guía la orientación japonesa y une el andar por los bordes y dobleces del tiempo. Reproduzco, con autorización de Luis Vicente, cuatro de los poemas.
A D E S T I E M P OEn pocas horas
las hormigas y el sol
cruzan el parque.
♦
Grietas del cielo:
asoma, en la tormenta,
un sol arisco.
♦
Uvas, racimos:
hay, en las telarañas,
gotas de lluvia.
♦
Tiempo en espera:
tras la noche, otra noche
aguarda un día.Luis Vicente de Aguinaga