Era el 15 de mayo, día del Aoi Matsuri, y era además domingo, con sol y pocas nubes, cerca del mediodía. Esperábamos, en los jardines del Palacio Imperial de Kioto, que se iniciara el desfile. Faltaba más de media hora todavía y me separé de la multitud que formaba filas a lo largo del camino, junto a la puerta sur. Entonces los vi. Me llamaron la atención los sombreros, sobre todo el del niño, que parece de otros tiempos, como su traje. Me atrajo también que se apartaran de la muchedumbre, como ya parecían apartarse de la época. No recuerdo haber reparado, cuando tomé la foto, en la composición de la imagen, ordenada por la línea diagonal de la base de los sombreros, con los dos rostros debajo y las dos copas encima, pero esa es la clase de cosas que uno ve sin darse cuenta. Tampoco reparé, hasta que vi la foto en la pantalla, en cómo la mujer aparece por detrás y por debajo del niño, evidentemente elevándolo pero también delicadamente apoyándose en su espalda, con un peso que él no advierte mientras mira a lo lejos, en la misma dirección que ella, expectante. Y sobre todo no vi, porque sólo se advierte bien en la imagen ampliada, la arruga que se forma ya claramente en la comisura de los labios de ella, ni las canas que asoman bajo el ala del sombrero, y que explican tal vez tanto de lo que la foto transmite.
miércoles, 30 de enero de 2008
martes, 29 de enero de 2008
Y cabellos revueltos, por supuesto
lunes, 28 de enero de 2008
Como baja la nieve por el aire
Flor, soplo, nieve: leídas despacio, con largas pausas entre una y otra y la disposición de ánimo conveniente, las palabras en que se traducen cada uno de los caracteres con que se escribe la voz japonesa hanafubuki (花吹雪) son ya un anuncio de poema, o un poema sin más:
Flor,
soplo,
nieve.
Ve uno los cerezos, el viento súbito de abril, los pétalos por el aire. Ve, además, la nieve que los pétalos figuran, ausente en la "lluvia de pétalos" que dan los diccionarios como expresión española equivalente a hanafubuki. Así se dice en esta lengua, qué le vamos a hacer, pero la nieve no cae como la lluvia, que se precipita: la nieve desciende por el aire como por una escala.
Hanafubuki es el nombre de varias canciones, tradicionales y modernas; Hanafubuki es también el nom de web de Yoko Shibata, artista múltiple a la que ya he mencionado aquí a propósito de su versión de "El dinosaurio" de Augusto Monterroso, y de la que ahora importo desde Youtube una lectura de los famosos versos de Juan Ramón Jiménez:
No le toques ya más,
que así es la rosa.
Hanafubuki los lee, claro, en japonés:
もうそれ以上触るな
それは薔薇だ。
(Lo cual no equivale al original español, que en el primer verso dice precisamente "le" y no "la", pues no se refiere a la rosa sino al poema. Pero claro, en español hay artículos y géneros...)
sábado, 26 de enero de 2008
Al quinto se le moja la cabeza
La tomé a fines de marzo del año pasado en el Taizo-in, el más antiguo y célebre de los cuarenta y cuatro subtemplos que componen el inagotable Myoshinji. Supongo que me atrajeron la perfecta composición del conjunto, la sobria elegancia de los colores y la austera riqueza de las texturas. Que es no decir nada, claro, porque eso es lo que uno encuentra en cualquier templo zen de Kioto, donde ponga los ojos. También me llamó la atención que fueran sólo cuatro los sombreros y los pares de sandalias (草鞋, waraji, casi los “huaraches” del español de México). Como en muchos templos de la ciudad, en el Taizo-in el número de monjes es cada vez menor y probablemente los que estuvieran entonces ahí no fueran sino visitantes. De cualquier modo, cuatro sombreros son pocos sombreros y cuando coloqué la foto en Flickr se me ocurrió titularla Rain falls over the fifth one: me imaginé a un pelón corriendo en el chubasco. Luego, para la exhibición en México, traduje: “Al quinto se le moja la cabeza” (que no es literal pero es mejor y me conviene: los títulos de mis fotos tienen siempre en inglés seis palabras, en español once sílabas).
No reparé en el doble sentido hasta que me lo hizo ver Fernando Blanco: —Claro, en inglés se pierde el juego —dijo. —¿Cuál juego? El título original es en inglés —aclaré. Yo no sabía que en España llaman quinto al muchacho que está por iniciar el servicio militar. (Es la tercera acepción de la palabra en el DRAE, que dice con ineptitud característica: “Mozo desde que sortea hasta que se incorpora al servicio militar”; si uno quiere saber qué significa “sortea” en esa frase, la entrada correspondiente del Diccionario es inútil). En México, “quinto” es el muchacho virgen, que no se ha desquintado. —Ése todavía es quinto —decíamos, en presencia de ese, para molestarlo.
jueves, 24 de enero de 2008
Dicen que huyeron sin llevarse nada
Erigido en 656 y origen, en 869, del Festival de Gion, el santuario de Yasaka, al pie del Higashiyama, es sin duda el más popular de Kioto. El templo al que se refieren las líneas siguientes era el vecino Hôkan-ji, fundado en 589; no queda más que su pagoda, detrás de estas puertas. El Jôzô de la historia (891-964) era célebre por sus poderes mágicos.
Otra historia muy antigua. En la era Tenryoku, una banda de ladrones irrumpió en la habitación de Jôzô en el templo de Yasaka. Pero no hicieron otra cosa que postrarse en el suelo, con las antorchas encendidas, desenvainadas las espadas y atónitos los ojos, y así se quedaron durante horas, hasta que empezó a clarear, Jôzô dio noticia de lo acontecido al Buda principal del templo y le pidió que los soltara. Dicen que los ladrones huyeron con las manos vacías.
- En A Collection of Tales from Uji. A Study and Translation of Uji Shûi Monogatari by D. E. Mills, Cambridge University Press, 1970, 459 pp.
martes, 22 de enero de 2008
Para dioses ausentes por el aire
tamuke shite kai koso nakere kaminazuki momiji wa nusa to chirimagaedomo
Qué ofrenda inútil
como cintas rituales,
Hay varias explicaciones sobre el sentido del término kaminazuki o kannazuki; la más popular dice que en octubre las deidades del shinto desertan las islas para congregarse en el santuario de Izumo. Las nusa (幣), cintas ceremoniales de papel que señalan la presencia divina, son habitualmente blancas, pero según Robert H. Brower “were sometimes made of cloth or paper dyed in five colors — hence the fancied resemblance to autumn leaves”(1). El poema de Teika, con el que se inicia la sección invernal de su Centena de la Era de Shôji (正治百集 : Shôji hyakushû: más datos en Luna en la hierba), parte evidentemente del famoso poema de Sugawara no Michizane que incluye el Hyakunin Isshu:
このたびは 幣もとりあへず 手向山 紅葉の錦 神のまにまに
kono tabi wa nusa mo toriahezu tamukeyama momiji no nishiki kami no mani mani
Vueltas y vueltas:
no llevé cinta al Monte
de las Ofrendas.
Brocado de arces rojos
por divina manera.
En ambos casos la naturaleza paga tributo a los dioses aun cuando los hombres se ven impedidos o se resisten a hacerlo. Lo curioso, lo significativo, lo propiamente japonés es que, en ambos casos, lo hace evocando las obras de los hombres: un brocado en Michizane, un objeto ceremonial en Teika.
1) “Fujiwara Teika’s Hundred-Poem Sequence of the Shôji Era”, Monumenta Nipponica XXXI, Tokyo, 1978.
lunes, 21 de enero de 2008
Por qué sendas estrechas a la fuente
domingo, 20 de enero de 2008
Muéstreme el pasaporte, chaparrito
Lo injustificado es el reparo, si el Diccionario —que no hemos visto— es de literatura mexicana y no sólo de escritores mexicanos, y lo es particularmente en el caso de Monterroso. El escritor guatemalteco u hondureño, tanto da, vivió en México desde 1944, cuando tenía veintiún años, hasta 2003, año de su muerte. Escribió y publicó toda su obra en ese país, donde él mismo fue editor, y en esa calidad, pero también como conductor de talleres literarios y como el autor influyente que fue, ejerció un magisterio cuyas huellas pueden rastrearse en la obra de muchos. Su participación en la vida literaria mexicana fue al mismo tiempo discreta y decisiva, y dar cuenta de ello no es cuestión de generosidad, sino de mera responsabilidad.
Generosidad, la de nuestra amiga Ayano Hattori, traductora de La oveja negra y otras fábulas, que hace poco inició un blog dedicado a comentar detalladamente cada una de las páginas del libro: モンテロッソを楽しむ (“Disfrutando a Monterroso”).
jueves, 17 de enero de 2008
Aquello que destruyen los sirvientes
Hacia 1916 resolví entregarme al estudio de las literaturas orientales. Al recorrer con entusiasmo y credulidad la versión inglesa de cierto filósofo chino, di con este memorable pasaje: “A un condenado a muerte no le importa bordear un precipicio, porque ha renunciado a la vida”. En ese punto el traductor colocó un asterisco y me advirtió que su interpretación era preferible a la de otro sinólogo rival que traducía de esta manera: “Los sirvientes destruyen las obras de arte, para no tener que juzgar sus bellezas y sus defectos”. Entonces, como Paolo y Francesca, dejé de leer. Un misterioso escepticismo se había deslizado en mi alma.
Cada vez que el destino me sitúa frente a la “versión literal” de alguna obra maestra de la literatura china o arábiga, recuerdo ese penoso incidente…
Valga como prólogo a la página de los Uji monogatari publicada ayer y que el improbable lector verá como continuación de esta, pues está página abajo. Nada se escribe de abajo para arriba.
miércoles, 16 de enero de 2008
De la infinita agudeza de Ono Takamura
Hubo hace mucho un hombre llamado Ono Takamura. Durante el reinado del Emperador Saga, alguien dejó en Palacio una nota con sólo tres caracteres chinos. Takamura, cuando el Emperador le pidió que los leyera, respondió: “Puedo leerlos, pero son tan insolentes que no sé si podría pronunciarlos.” El Emperador insistió, y no cesó en su insistencia hasta hacer decir a Takamura:
—Se leen saga nakute gokara(1), de modo que insultan a Su Majestad.
—Pero ¿quién sino tú pudo haber escrito eso?
—Precisamente por eso no quería leerlos, Su Majestad.
—Y bueno —dijo el Emperador— ¿puedes leer cualquier cosa que se escriba?
—Sí, Su Majestad.
El emperador escribió entonces doce veces seguidas el signo ne en escritura katakana y le ordenó leerlas.
—Neko no ko no koneko, shishi no ko no koshishi(2) —leyó Takamura, y al emperador le causó tanta gracia que lo dejó ir sin castigarlo por su insolencia.
- En A Collection of Tales from Uji. A Study and Translation of Uji Shûi Monogatari by D. E. Mills, Cambridge University Press, 1970, 459 pp.
2 Como el mismo carácter ne en chino se lee shi y significa “niño”, y en japonés además ko y significa “pequeño”, Takamura lee: “El gatito del niño del gato, el pequeño cachorro del león.