Los dos o tres lectores que han seguido estas notas desde el principio sabrán que, como los samuráis y los luchadores de sumo, las geishas no están entre las cosas que me interesan de Japón. No me atraen, no me intrigan, las amigas que tengo en la profesión son más divertidas cuando no están en funciones y me fastidia escuchar una y otra vez las mismas preguntas de los visitantes, que ya podrían leer sus guías de viaje en el avión. Lo cual no significa que cuando una me sale al paso en las calles de Gion —azar tan raro como el de toparse con un mariachi en Garibaldi— desperdicie la oportunidad de tomarle una foto. Son populares de inmediato, y una buena manera de aparecerse en Flickr cuando ha estado uno más o menos ausente por un tiempo. Vean si no.
(Pero la foto se ve mejor aquí.)