miércoles, 18 de julio de 2007
La luna irá cuando no esté
旅宿の月をおもふといふ事を
月はなほ夜な夜なごとにやどるべしわがむすびおく草の庵に
Tengo muy lejos
una choza de hierba
donde la luna
llega aún a alojarse
una noche y la otra.
Resuelvo en “allá lejos” la palabra oku, que como saben los aficionados a la poesía japonesa quiere también decir “en lo hondo”, y más precisamente “en lo hondo de las montañas”.
martes, 17 de julio de 2007
Sólo esta falla tienen los cerezos
Vástago de una acaudalada familia de guerreros aristócratas, a los quince años Satô Norikiyo se incorporó a la guardia del Emperador Toba, en cuya corte destacó por sus habilidades en el juego de pelota, la música y desde luego la poesía, que le dio fama y posteridad con el nombre de Saigyô (1118-1190), bajo el cual tomó la senda de Buda para trazar el camino en que lo emularía cinco siglos después Matsuo Basho. Son particularmente apreciados sus poemas sobre los cerezos, en particular los que escribió en su retiro de las montañas de Yoshino. Uno de los más famosos, porque lo recoge la pieza de nô Saigyô y los cerezos (西行桜, Saigyô zakura) y tal vez porque expresa un sentimiento que el alma gregaria japonesa difícilmente confiesa, es también uno de los que prefiero:
花見にとむれつゝ人の來るのみぞあたら櫻の咎には有りける
hanami ni to muretsutsu hito no kuru nomi zo atara sakura no toga ni wa arikeru
A ver las flores
vienen una tras otra
las muchedumbres:
¡ay, los cerezos tienen
esta única falta!
Hay que decir que, aunque las muchedumbres siguen llegando al pueblo de Yoshino, son pocos los los que se acercan hasta la cabaña de Saigyô. La fotografía que ilustra esta página es del 8 de abril pasado, como el resto de la serie que el curioso puede ver con sólo pulsarla.