martes, 26 de junio de 2007

Una almohada en dos mundos

Takaatsu Yanagihara, comentando la Luna en la hierba que le envié, me escribe: “¡Duro debe de haber sido el trabajo de seleccionar!” La verdad es que no. No elegí los poemas (mejores, más famosos, más representativos) para luego traducirlos; fui traduciendo lo que se dejaba traducir: lo que podía salir bien en español, acomodándose a la forma fijada y sin traicionar el sentido del original. Los años de práctica desarrollan la intuición, y hay cosas que ni se intentan. A veces nos equivocamos, claro, y lo que parecía un paseo resulta un berenjenal. O sencillamente no sale. Así este poema de Minamoto no Sanetomo, alto poeta y tercer shogún de Kamakura, que parecía tan fácil de resolver y se ha quedado a medias:

     あかつきの夢の枕に雪つもりわが寝覚訪ふ峰の松風
      源実朝

     akatsuki no yume no makura ni yuki tsumori
     waga nezame tou mine no akikaze


     En la almohada
     del sueño, al alba, nieve
     acumulada.
      Desperté. En la cumbre,
      el viento entre los pinos.

El kaminoku (en español los tres primeros versos) no presenta, en principio, dificultades: la traducción es literal. Pero sólo en principio, porque tenemos el problema de la almohada. Esa palabra árabe, airosa y henchida, que llena la boca y da un gusto casi pecaminoso pronunciar, evoca inevitablemente unos objetos mullidos que invitan a las delicias de la indolencia y el abandono. Piensa uno en plumas de ganso, y en blancas inmensidades, como campos nevados. Pero la makura japonesa es otra cosa: es de madera y dura y rigurosa, como esa k que cae, katana sobre el cuello, en mitad de la palabra y el sueño. La makura del shogún no es para hundir en ella la cabeza, sino para despertarse al borde del alba.
       Es lo que quiere decir la expresión nezame: despertar antes del alba; waga nezame tou: "al despertar, me visitó..." El problema está en el verso final, que es frase hecha, un tópico de la antigua poesía japonesa: mine no matsukaze, “viento entre los pinos de la cumbre”. ¿Cómo meter eso en siete sílabas? ¿Y cómo transmitir la alusión al sonido del viento, clara para el lector japonés avezado? Hay algo más: matsu quiere decir pino pero también “esperar” y el viento entre los pinos es desolado y triste. Un capítulo del Genji y una pieza de teatro llevan ese nombre. En la poesía china había dos tipos de cadencia musical: “lluvia de otoño”, fuerte, rápida e intermitente, y “viento en los pinos”, suave y constante. Así se llama también una famosa pieza de shakuhachi.

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