Mostrando las entradas con la etiqueta relaciones México-Japón. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta relaciones México-Japón. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de noviembre de 2007

Háblanos de tu viaje. ¿Cómo es Japón?

En la Semana Santa de 1982 una gripe considerable me obligó a deshechar los planes de viaje y permanecer encerrado en la habitación que ocupaba en el piso de unos amigos madrileños, Costanilla de Santiago 16, 2o. derecha. También me regaló con las dos mil páginas de de la Crónica de la intervención de Juan García Ponce, que de otro modo no habría cursado. En el capítulo 22 de la segunda parte aparece este diálogo:

           —Los viajeros que regresan tienen el difícil deber de contar qué han visto.
           Por eso siempre los he compadecido —dice Eugenia.
           —Tienes razón —dice Anselmo, girando una silla para mirar directamente a
                Eugenia—. Pero yo no pensaba regresar. Mi decisión era otra.
           —¿Qué habías decidido?—pregunta Delia.
           Fray Alberto contesta rápidamente en vez de Anselmo:
           —Irse a un monasterio budista en Japón. !Imagínate!
           —¿Es cierto?
           —Sí. Desgraciadamente es cierto—contesta Anselmo.
                 [...]
          —Y ahora tienes que cumplir tu deber. Háblamos de tu viaje. ¿Cómo es Japón?
           —pide Eugenia.
           —Está lleno de japoneses —contesta rápidamente Anselmo.

El pasaje da una idea bastante precisa de la presencia de Japón en la narrativa mexicana del siglo XX.

viernes, 12 de octubre de 2007

Sergio Pitol en Kioto


Finally here after so many dreams, originally uploaded by ionushi.

Sergio Pitol, que pasó veintiocho años fuera de México, vivió en tantos países y no ignora el Asia, pues pasó una temporada larga en Pekín, absurdamente no conocía Japón. Vino finalmente para discurrir, en una Sala de Actos del Instituto Cervantes que así se inauguraba brillantemente el 4 de octubre, sobre cómo el autor del Quijote se resuelve también mágicamente en un "tercer personaje" que cabalga, a la sombra de Quijano y su escudero, por la ancha geografía de España y la vasta posteridad de su novela. Eso dijo, o eso dicen que dijo quienes lo escucharon, porque no fuimos hasta Tokio y preferimos acudir a recibirlo a la estación de Kioto, acompañarlo después al Toh Ka Sai Kan (un restaurante chino malón, pero cuya arquitectura atrajo inevitablemente al recién llegado), y luego, por el camino de Pontocho y Sanjô, dejarlo a las puertas del Hiiragiya, donde tuvieron la enorme cortesía de darle la misma habitación en que solía hospedarse Yasunari Kawabata, y la mayor de mudarlo, dos días después, a la más amplia del ryokan, en el ala inaugurada el año pasado.

La fotografía está tomada dos días después, en la puerta este del Rengeôin, también conocido como Sanjûsangendô, y aún más como Templo de los Mil Budas, que son los que acabábamos de ver.

sábado, 21 de julio de 2007

El avión de Aguilar

El poeta Jorge Carrera Andrade, diplomático de carrera, fue Cónsul General del Ecuador en Yokohama a fines de los treinta. Cuenta en un interesantísimo capítulo sobre sus Tres años en el Japón de su autobiografía El volcán y el colibrí (Editorial José M. Cajica Jr. S.A., México, 1970):

«La vida social en Tokio era intensa en esos días. No sólo nos invitaban las autoridades imperiales y los Cónsules latinoamericanos sino también los Embajadores de Francia, Estados Unidos, Brasil, Colombia, Chile, México. Este último, el general Aguilar, era una personalidad rebosante de ingenio, buen humor y simpatía. Todos sus actos llevaban la marca de la franqueza y la lealtad a sus ideas. “Yo fui uno de los Dorados de Pancho Villa” solía decir para manifestar que no se arredraba ante nada. Cuando circuló en Tokio la noticia de que Madrid estaba en vísperas de caer en manos de los rebeldes y de que corría peligro la República, el general mexicano fue en busca de su avión particular, en el aeródromo de la capital japonesa, y alzó vuelo anunciando que iba en socorro de los republicanos españoles. Pero el avión no respondió al entusiasmo de su piloto y no pudo elevarse lo suficiente, cayendo a pocos pasos de la pista. El general Aguilar sacó de la aventura la nariz rota y algunas contusiones, salvando su vida por milagro.»

El Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México y las Biografías de políticos mexicanos 1935-1985 de Roderic Ai Camp dicen que Francisco Javier Aguilar González era hidalguense (Ixmiquilpan, 1895; México, D. F., 1972) y en cambio el Diccionario biográfico revolucionario de Francisco Naranjo y el Diccionario biográfico de Nuevo León de Israel Cavazos lo dan por regiomontano y nacido en 1893. Ninguna de esas fuentes recuerda que haya formado filas entre los dorados de Villa, pero sí que era primo hermano de Francisco I. Madero. Llaman la atención el avión particular (¿desde cuándo lo tendría?; ¿dónde lo compró?; ¿lo llevó desde México?) y la independencia del tan arrojado cuanto precipitado propietario y piloto, que cumplió sin embargo muchos encargos diplomáticos luego del de China y Japón (donde no fue Embajador, sino Ministro), pues Francia, Portugal, Suecia, China, Brasil y Argentina lo recibieron como Embajador.

jueves, 19 de julio de 2007

Las filmes mexicanas admiradas en Japón

Así, en femenino, encabezaba El Universal del 10 de febrero de 1926 la noticia de que un grupo de empresarios japoneses, movidos por el buen éxito de algunas películas mexicanas en Tokio y Yokohama, habían creado la compañía distribuidora “Mexico Film Shokai”. De los dos títulos que la nota menciona, Tras las bambalinas del Bataclán y Amor imposible, el segundo no aparece en la filmografía del exhaustivo Aurelio de los Reyes, quien me pasó el dato y la hipótesis de que se trate de una película al que los distribuidores le cambiaron el título.