sábado, 3 de octubre de 2009

Fábula del estanque

R A N A S

Hago la siesta junto a un viejo estanque en el que abundan las ranas.
El estanque está todo rodeado de cañas y espadañas. Frente a las cañas y espadañas hay una fila de altos sauces, grácilmente agitados por el viento. Más allá, un impasible cielo de verano, y nubes que brillan siempre como fino polvo de cristal. Todo lo cual parece más hermoso en el reflejo de la superficie que en la realidad.
Las ranas cantan incansables todo el día kororo, karara. Se oye un poco y no se escucha sino kororo, karara. En realidad se trata de una discusión encendida, y escucharla no es privilegio de la era de Esopo.
Entre todas, sobre las hojas de las espadañas, una discurría con actitud profesoral.
“¿Para qué existen las aguas? Para que la ranas nademos. ¿Para qué hay insectos? Para que las ranas comamos.”
¡Hiyaa, hiyaa!”, clamaron con aprobación las ranas, desde todas las plantas y los árboles que refleja la superficie.
En ese momento, la algarabía de kororo karara despertó a una serpiente que dormía al pie de un sauce. Alzó la cabeza adormilada, miró hacia el estanque y se pasó la lengua por los labios.
“¿Para qué existe la tierra? ¿Para qué crecen las plantas? Para algo hay plantas: para darnos sombra a las ranas. ¿No se sigue de ahí que toda la vasta tierra existe para nosotras las ranas?”
¡Hiyaa, hiyaa!
Al escuchar por segunda vez las voces de aprobación, la serpiente se estiró de golpe, como un látigo tenso. Luego, reptando poco a poco entre las cañas con un brillo en los negros ojos, espió cuidadosamente el profundo estanque.
La rana, con su gran boca, seguía perorando.
“¿Para qué existe el cielo? ¿Para qué hace falta el sol ahí colgado? ¿Para qué hay sol? Para secarnos la espalda a las ranas. ¿No existe igualmente todo el ancho cielo para nosotras las ranas? Ya el agua y las plantas, y los bichos y el cielo y el sol existen para todas nosotras las ranas. En realidad toda la creación existe para nosotras, no hay lugar a dudas. Quisiera dejar claro esto ante ustedes, señoras y señores, y además expresar mi sincera gratitud a Dios por el conjunto del entero universo que creó para nosotras. Alabado sea Su Nombre.”
Al tiempo que giraban hacia arriba los ojos para mirar al cielo, las ranas empezaron a decir con sus enormes bocas.
“¡Alabado sea Su Nombre!”
No terminaban de decir esas palabras cuando la cabeza de la serpiente apareció de golpe y en un parpadeo atrapó con la boca a la rana elocuente.
¡Karara, qué cosa!”
¡Karara, qué cosa!”
“¡Qué cosa, karara, kororo!
En el ruidoso desconcierto que recorrió el estanque, la serpiente, con la rana en la boca, se escondió entre las cañas. Se diría que desde el primer momento de la Creación no se había producido ahí un alboroto como el que siguió. Entonces oí llorar a las ranas más jóvenes.
“El agua y las plantas, los bichos y la tierra, el cielo y el sol, todo existe para nosotras las ranas. ¿Y qué pasa con la serpiente? ¿La serpiente también existe para nosotras?”
“Eso es. También la serpiente existe para nosotras. Si la serpiente no comiera, las ranas se multiplicarían. Si se multiplicaran, el mundo del estanque se haría más estrecho. De modo que por eso la serpiente ha venido a comernos. Debemos pensar que la rana que fue comida se ha sacrificado por el bien de la mayoría. La serpiente también existe para nosotras. El mundo y todas las cosas que hay en el mundo han sido sin excepción creadas para nosotras. Alabado sea Dios.”
Esa respuesta oí que daban a las ranas más jóvenes.

* * *

Traducción de Aurelio Asiain. El original puede leerse aquí.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cinco ranas de otoño en el Man'yoshû


三吉野乃 石本不避 鳴川津 諾文鳴来 河乎浄

Bajo las rocas
del hermoso Yoshino
croan las ranas.
¿Cómo no croarían,
en el agua tan clara?


* * *

神名火之 山下動 去水丹 川津鳴成 秋登将云鳥屋

Corren al pie
del Monte Kamunabi
sonoras aguas.
¡Por decir el otoño,
cómo croan las ranas!


* * *

草枕 客尓物念 吾聞者 夕片設而 鳴川津可聞

En mi almohada
de hierba, en la inquietud
del viaje, escucho
que se acerca la noche:
¡cómo croan las ranas!


* * *

瀬呼速見 落當知足 白浪尓 河津鳴奈里 朝夕毎

En las veloces
aguas que se desploman
en olas blancas,
de mañana y de noche
¡cómo croan las ranas!

* * *

上瀬尓 河津妻呼 暮去者 衣手寒三 妻将枕跡香

Corriente arriba
llama a su amor la rana.
Se hace de noche,
tiene las mangas frías:
¿dormirá con su amada?




Man'yoshû, libro X, 2161 – 2165



Cuatro ranas de Kohno Bairei: 2
Grabado de Kono Bairei (1844–1895)幸野楳嶺

domingo, 27 de septiembre de 2009

Sola


空をあゆむ
朗朗と月ひとり

荻原井泉水

* * *

Anda en el cielo
despejado la luna sola

Ogiwara Seisensui

sábado, 26 de septiembre de 2009

Di que no estoy


, originally uploaded by ionushi.

留守と言え
ここには誰も居らぬと言え
五億年経ったら帰って来る

高橋新吉

* * *

Di que no estoy
di que no hay nadie aquí
En quinientos millones de años volveré

Shinkichi Takahashi

martes, 2 de junio de 2009

Estaba en mi buzón el otro día

Nueva edición del Hôjôki en la versión española de Masateru Ito que ya hemos comentado aquí hace tiempo. En Emecé, con un prólogo de María Kodama que no añade mayor cosa a lo dicho por el traductor en la introducción y se demora en cambio en una consideración equívoca del Chiteiki (que no es una "obra china en prosa" sino en todo caso una "obra en prosa china" y, si bien es tenida en general como modelo e inspiración del Hôjôki, es innecesario descartar como el original que Kamo no Chômei habría traducido, pues nadie lo ha tomado por tal) pero que acaso ayude a vender el libro. Ojalá que la próxima edición pueda ser bilingüe.

La luz de otra manera en los pinceles


priest's bamboo brush II, originally uploaded by lamonse's views.




priest's bamboo brush I, originally uploaded by lamonse's views.



Fotografías: © Monserrat Loyde. Se trata de esta ceremonia.

lunes, 25 de mayo de 2009

No todo es la joya en el vestido

Habíamos ido, en lo más alto del verano, al Shimogamo Noryo Furuhon Matsuri 下鴨納涼古本まつり, la feria de libros de segunda mano que los libreros anticuarios de Kioto organizan cada año en el bosque que rodea al Santuario de Shimogamo, 糺ノ森 Tadasu no mori. Un lugar venerable por muchos motivos —escenario del Genji, motivo de poemas, ocasión de leyendas—, pero vale más la pena la Feria del Libro Antiguo de Primavera, que se despliega no a la sombra de los árboles sino bajo el techo del Miyako Messe, a pocos pasos del Santuario de Heian.
           Tres horas apenas para recorrer a medias los pasillos. Había, por supuesto, libros: de bolsillo y de vitrina, populares y exquisitos, mínimos y desmesurados, nacionales sobre todo pero también de ultramar, casi regalados e inaccesibles, todos más o menos usados y más o menos viejos: de pocos años y de más de un milenio, de cincuenta yenes y de un millón. También enciclopedias y revistas, grabados occidentales y orientales, carteles y mapas y tarjetas postales, emaki y ukiyoe y otsue, abanicos y conchas y monedas y tablillas de bambú, y otras cosas distintas del papel y en las que también se escribe aquí, como granos de arroz y pastillas de incienso. Había tal vez ex libris, pero no nos dio tiempo de buscarlos.



Me entretuve en el puesto de la Librería Tani que exhibía una copia milagrosamente exacta del Nishi-Honganji-bon Sanju-rokunin-shû 西本願寺本三十六人家集, la antología de los Treinta y seis poetas inmortales, Sanjûrokkasen, primer impreso en tsugigami, del siglo XII, que se cuenta por la calidad del papel y la caligrafía entre las grandes obras de la cultura Heian.

Horiguchi

Pero estuve sobre todo mucho tiempo hojeando, en los libreros de Hagi, dos preciosos volúmenes de traducciones de Daigaku Horiguchi: su versión de Le bateau ivre y una antología de poesía francesa. Horiguchi, poeta mayor y principal introductor de la poesía francesa en Japón, vivió el final de su adolescencia en México, donde su padre encabezaba la legación diplomática. Simpatizó con Madero y cruzó la Decena Trágica, a la que dedicó páginas de sus memorias. Aprendió francés, empezó a escribir poesía y frecuentó los burdeles. (En sus versos mexicanos, que hablan de putas y nopales, llora un niño abandonado por el poeta: luego lo habrán llamado Chino.)

Grabados

Nada de eso nos trajimos, sin embargo. Apenas los dos grabaditos que aquí se ven, una vieja revista de cine en homenaje a Yasujiro Ozu que reproduce algunos de sus guiones principales y poco más. Lo importante, como saben y sabía Gensei, es la inminencia que lo imanta todo.
VOY A KIOTO Y ME PIERDO EN EL MERCADO

Me gusta leer libros: soy de esos,
cien autores me esperan todo el tiempo.
Corté mis otros lazos con el siglo
pero este no puedo interrumpirlo.
Siempre con la esperanza de un hallazgo
voy a Kioto y me pierdo en el mercado.
Igual que aquel ladrón ante el tejido,
ya no advierto ni el polvo ni el gentío.
Por las nueve avenidas que palpitan
mi espíritu se aclara, agua tranquila,
y vislumbro tesoros donde miro
—no todo es la joya en el vestido.

Gensei (1623–1668)
El poema alude a una historia china. La policía había capturado a un ladrón que intentaba robar una gran pieza de brocado en un mercado atestado, y cuando le preguntaron por qué lo había hecho respondiò: “No vi la gente, vi solo el brocado.” “La joya en el vestido”: es, en los sutras, la naturaleza del Buda.

sábado, 23 de mayo de 2009

Y yo que no esperaba una respuesta


Do you happen to know her?, originally uploaded by ionushi.

Entre las muchas cosas que me interesan de Japón no están las geishas. Nos han acompañado en alguna cena, hemos llevado a los amigos a verlas aparecer, reales o simuladas, por los crepúsculos de Gion y Pontochô, hemos leído los libros y visto las películas, y poco más. Bastante para responder las preguntas recurrentes. Pero hace un mes, por sugerencia de Arturo, que vive en los alrededores —a cinco minutos, con sus zancadas de gigante presuroso—, asistimos al Kitano Odori, el festival escénico de primavera de las geiko de Kamishichiken, el barrio de geishas más antiguo de Kioto, que data del siglo XV o XVI. Las siete casas de té que le dan nombre al lugar (kamishichiken 上七軒: “siete casas altas”) se construyeron con maderas que habían sido del Kitano Tenmangu, el santuario dedicado a Sugawara Michizane, durante la reconstrucción del periodo Muromachi. Arturo nos había avisado que el museo del santuario, habitualmente abierto solo los días veinticinco, y que por una razón u otra nos habíamos perdido aun acudiendo en la fecha debida, podría visitarse durante todo abril, de modo que fuimos ahí y luego dimos una vuelta por el barrio. Las calles estrechas, las casas de té, las tiendas tradicionales, el teatro mínimo de madera, todo tiene un aire de íntimo sosiego mucho más interesante que el de Gion, tan lleno de turistas ansiosos de capturar la imagen de una geisha pasajera. También la actuación de las geiko, refinada y sutil y con algo a la vez de ingenuidad infantil. Gran arte de antigua tradición en un festival de pueblo. Estas son fotos de ese día.
           Ya he explicado alguna vez por qué mis fotos de Flickr tienen títulos en inglés de seis palabras. Es en memoria de Hemingway, y porque respetar esa sencilla regla, una vez vuelta hábito, me facilita las cosas: veo una foto y se me ocurren, más o menos de inmediato, seis palabras. Por ejemplo, para la que hay aquí, “Do you happen to know her?”
           Era una pregunta retórica, desde luego, escribo esas frases sin pensar. Nunca esperé que alguien la respondiera, ni que esa y otras fotos de mi serie sobre Kitano Odori suscitara el debate entre un pequeño grupo de fotógrafos de Flickr que, a diferencia mía, están seriamente interesados en geishas y geikos, y bien informados al respecto —aunque no sé si alguno lo esté tanto como Melissa Chase.


viernes, 22 de mayo de 2009

Donald Richie y el cine japonés

Donald Richie ha publicado más de cuarenta libros; ninguno, creo, se ha traducido al español. Mala cosa, porque se trata de un escritor formidable, pero la distracción es fácil de explicar: Richie tiene un único tema, Japón, el país en el que vive desde hace sesenta y cinco años. Podemos citar a Susan Sontag:
"Japón es el lugar, el tema, la ocasión del flujo de libros brllantes que Donald Richie ha ido sacando sobre las paradojas de la modernidad, la cultura y la diferencia cultural, el mundo de la imagen, el arte, la conducta, la belleza, la moda, la conformidad, la sinceridad, los placeres de ser extranjero. (...) Nadie ha pensado tan amplia y concretamente (tan útilmente, por lo mismo) como Richie sobre cómo una determinada cultura suma contradicciones, les da coherencia, las trabaja, resiste el cambio y cambia. Donald Richie es un Tesoro Internacional Viviente".
La siguiente es una conversación sobre el cine japonés, tema sobre el que Richie es, sin duda alguna, el mayor experto no japonés.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Estuviste conmigo quince años


2008 Matsuyama, originally uploaded by Marisa y Angel.


Estuviste conmigo quince años,
sirviéndome de apoyo en mis paseos:
por la ciudad en flor, tarareando;
bajo la luna, en montes de frontera.
No cumplo todavía los cuarenta
y ya soy menos músculos que huesos.
Puedo ahorrarme la capa y el sombrero,
pero no andar sin báculo un instante.
Y resulta que al pie de la escalera
vino a quebrarte en dos un paso en falso.
No eres ropa, no puedo remendarte,
ni tienes cuerdas que ponerte nuevas.
Se te nota la edad, palo reseco,
y en qué frágil materia te formaron.
Miro este mundo nuestro en el que todo
lo que tiene una forma se deshace
“lo mismo que el rocío y el relámpago”,
según dicen que Buda predicaba.
¿Quién podría dudar que es la verdad?
Hasta el cielo y la tierra tienen término.
Hay por suerte bambú, verde y pujante,
para apoyar mis huesos y mis nervios.
Formaré de una caña mi cayado
para llegar a la estación de término.



* * *

El monje Gensei (1623–1688), escribió estos versos cuando el muchacho que era su sirviente se paró sobre su bastón y lo quebró. La frase entre comillas es del Sutra del Diamante.