lunes, 10 de marzo de 2008

Humo será sin huella entre las nubes

したもえに おもひきえなん けぶりだに あとなき雲の はてぞかなしき

Arde en secreto
mi amor y se consume;
es humo apenas
y duelo al fin, qué triste,
de una nube sin huella.

Vale la pena tener en cuenta que en Japón el destino de los cadáveres es el fuego antes que la tierra: vemos el humo de la cremación, que se realizaba a cielo abierto. Sospecho que ese humo hará pensar inevitablemente al lector de habla española en Góngora ("en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada") y en Sor Juana ("es cadáver, es polvo, es sombra, es nada"), pero si las imágenes son las mismas los sentidos son divergentes: aquí lo que termina en nada no es, como en los barrocos, la vanidad de las apariencias sino la pasión soterrada —la he llamado amor, pero omoi es algo a la vez más vago y menos ideal: sentimientos, pensamientos, tal vez —en el sentido de los antiguos— cuidados.  La voz, además, no es admonitoria; no escuchamos una lección moral sino un lamento desgarrado. Hay que señalar también que la asimilación del cuerpo enamorado a una nube está en el poeta Minamoto no Sanetomo, discípulo de Fujiwara no Teika, compilador principal del Shinkokin wakashû. No es extraño pues que en esa famosa antología imperial este poema dé inicio, se dice que por decisión del Emperador Retirado GoToba, a la segunda serie (propiamente: el segundo rollo) de poemas de amor. Es uno de los más famosos de su autora, a la que se conoce como "la Hija de Shunzei"  (1170–1241) aunque era en realidad nieta de Fujiwara no Shunzei, quien la adoptó como hija. No era hermana, pues, de Teika y tampoco su hija, sino su sobrina.

1 comentario:

La Maga dijo...

Hermoso título y mensaje