jueves, 25 de septiembre de 2008

Lo que trajo la luna la otra noche (I)



Selva se quedó pensando en la luna del otro día, fue a buscar en sus carpetas de ex libris y volvió con esta estampa encantadora que resultó como imantada, porque de pronto empezaron a girar a su alrededor otras imágenes que hace tiempo me rondan, unas plásticas, otras verbales, y que no había puesto en relación. Le he pedido permiso para mostrarla, y aclarar aquí lo que me preguntó y a algunos estará intrigando: el sentido de la inscripción.
           Leídos uno por uno, los caracteres son los de tierra, pincel, edificio, bodega (chi, fude, kan, kura). Lo cual parece tener alguna relación (seguramente ilusoria) con el hecho de que la estampa, una xilografía con 5 tintas de Yoshio Kanamori, haya pertenecido a un coleccionista de gráfica, Hiroo Yamaguchi. Pero como las letras en español, los caracteres en japonés no se leen cada uno por separado, y aquí parecen enunciar una etiqueta: Tsukushi-kan zô, que cabría traducir como “Propiedad de la compañía Tsukushi”.
           No importa. Tampoco importa si los caracteres pierden cierto misterio una vez descifrados, porque conservan la gracia, el encanto visual. Es una caligrafía a la vez robusta y delicada, sólida y animada, evidentemente de la misma mano que grabó los árboles desnudos de la izquierda, esas dos sombras gráciles que dan marco a la escena al tiempo que parecen alzarse una hacia la luna del cielo, inclinarse la otra hacia su reflejo en el agua.
           Sabemos, por esas siluetas y por la nieve de la montaña, blanca como las aguas del estanque, que es invierno. Nunca es más transparente el aire y en Japón, país húmedo y verde de olas resueltas en montañas —como dice Fosco Maraini—, país de distancias brumosas, nunca pueden verse las altas cimas con tanta claridad como en invierno. Aquí las vemos nítidas en la distancia que salvan las aves —sombras bajo la luna oscura, signos del tiempo en movimiento. Y en la quietud del agua, centro de la escena, la faz iluminada de esa luna sólo visible en su reflejo (reflejo y sombra, no está de más recordarlo, se escriben con el mismo carácter: 影).
           Lo que vemos es una imagen de la iluminación en el budismo zen. La famosa imagen de Dôgen (1200–1253):
Luna en el agua, la iluminación.
Nunca se moja, no quebranta el agua,
y su luz es inmensa y se difunde
y cabe toda en un mínimo charco.
En un reflejo atrapa luna y cielo
la gota de rocío en una brizna.
(Sigue...)

7 comentarios:

Martha Montero dijo...

Estimado Aurelio:
Que hermosa y delicada recomendación nos acercó Selva esta noche en su facebook. No sólo por la calidad de tu escrito sino por la oportunidad de descubrir la singularidad de tu mirada y las extraordinarias fotografías que logras con ella. Un abrazo de corazón y felicidades desde este lado del planeta!! Me encantó tu trabajo...

Paola Cescon dijo...

Dear Asiain Aurelio:
Estoy a las corridas, tengo bastante para comentar sobre éste y otros post, veo si mañana me hago de un poco de aire.
Al meollo del asunto: quiero descargar el único libro tuyo que parece poder descargarse y ¡no lo consigo! Le doy al descargar tan infructuosamente como...
¿Hay alguna forma de poder leer algo de tu/tus libros?
Baci, beso
Paola

Carlos Olguin dijo...

Imagen, caligrafía, árboles secos, laguna en paz, reflejo de luna, aves en vuelo y mis amadísimas montañas... la descripción del relato, la luz, el color, la hora...

Todo en conjunto y cada una de sus partes, han hecho un bellísimo poema con el que quisiera soñar para despertar en él y no volver a dormir jamás.

Ricardo Bernal dijo...

Fascinado leyendo tu blog maestro. Gracias por invitarme.

Anónimo dijo...

GUAUUUUUUUUUUUUUU!!!!!!!!!!!!!!al ver esto y leer lo escrito recorde y senti la misma emocion que en algun momento tu hermano Jaime me hizo sentir en un evento de guitarra al que me invito. Pense,y aun lo sigo pensando, porque yo no desaerrolle tal sensibilidad ? creo, que poe eso soy contadora.Gracias. tia Lucila

Aurelio Asiain dijo...

No tengo ningún hermano (ni primo ni tío conocido) que se llame Jaime, pero es lo de menos. Gracias, y si lo ves me lo saludas.

Anónimo dijo...

Mi tía Lucila se refiere a mi hermano Jaime. Yo te lo saludo cuando lo vea.

Selva