domingo, 28 de septiembre de 2008

Lo que trajo la luna la otra noche (III)

1) UN MONO QUE CAYERA EN EL ESTANQUE

Como otros monjes zen célebres por su rigor y su celo, Hakuin Ekaku (1686 – 1768) lo es también por su ingenio verbal y su humor cáustico, su tendencia a lo escatológico y su amor por el absurdo y las paradojas. Fue uno de los grandes maestros del koan (esas preguntas paradójicas para despertar la conciencia) y es autor del más famoso: “¿Cómo suena el aplauso de una mano?” Todo en él parece paradoja. Gran maestro del zazen (la meditación sedente),  su lema proclama que “La meditación en medio de la actividad vale un millón de veces más que la meditación en la quietud”. Vale la pena tener en mente esa frase al ver la imagen enunciada por las líneas caligrafiadas en el rollo que aparece en esta página, y que tienen una curiosa relación con la extraordinaria imagen de Dôgen en que el estanque lunar se abrevia en gotas de rocío, como en otros poemas japoneses, pero esta vez no posadas en una brizna de hierba sino lanzadas al aire por una grulla que agita el pico. Dice en chino Hakuin Ekaku:
放手沒深泉
十方光皎潔
y en japonés:
手を放てば深泉に沒す、
十方、光皓潔たり。


Te o hanateba shinsen ni botsu su .
Jippo hikari koketsu tari
En español, libremente, podría ser así:
Si te sueltas y caes al estanque profundo,
qué clara y pura luz inundará el mundo.
La luz es la de la luna, rota en agua que salta por el aire, pero también la de la ilusión rota por la caída. La luna del agua, en la segunda imagen de Dôgen, se aprehende en la mínima duración de una gota de rocío lanzada al aire. En la visión de Hakuin, se aprehende por vía de su destrucción.

2) UNA RANA QUE ENTRARA EN EL OÍDO

Nunca he podido sino asociar estas líneas con el famoso haiku de Basho:
古池やかわす飛び込む水の音
furuike-ya kawasu tobi komu mizu no oto

El viejo estanque,
una rana que salta:
ruido de agua.
La iluminación, en ambos casos, ocurre en el momento de la caída, pero en este se hace la luz en el oído.

3) TODO ESTO RESULTA UN CUENTO CHINO

El dibujo de Hakuin es un zenga (禅画): una “imagen zen”, es decir un dibujo hecho como práctica de meditación, normalmente con no más que dos o tres trazos veloces del pincel. Hakuin hizo varias versiones de este, que según el catálogo de la colección del templo Ryu'un-ji que guarda el Instituto Internacional de Estudios sobre Budismo Zen, de Kioto, se refiere a un pasaje de un sutra. Pero la historia aparece también en colecciones de cuentos chinos tradicionales. Distorsiono aquí el que cuenta Haiwang Yuan y traduce Michel Ann Williams en The Magic Lotus Lantern and Other Tales from the Han Chinese.

Hubo hace mucho un armonioso reino de monos, en el que la vida transcurría sin mayor sobresalto. Su mayor diversión era arrojarse al agua de un estanque en el límite del bosque. En los días ardientes del verano trepaban a los árboles de la orilla, cuyas copas se abrían sobre la superficie, para dejarse caer uno tras otro desde el extremo de las ramas más largas. Pasaban así todo el día. En las noches, cuando los predadores se acercaban al estanque, volvían al interior del bosque. Sólo una noche al año, en la claridad de la gran luna de septiembre, se sentían libres de amenazas y se aventuraban a acercarse al agua.
     Una de esas noches, un mono muy joven, que por primera vez se acercaba al estanque a la luz de la luna llena, reparó en algo que los otros, atentos siempre a la amenaza latente de la espesura, no habían advertido.
     —¡Vean: la luna se ha caído en el agua!
Por primera vez los monos vieron, azorados, el gran círculo claro de la luna en la superficie del agua impasible. Por un momento larguísimo no hicieron otra cosa que mirar el estanque en silencio, sin saber qué decir, sin tener qué pensar. Quién sabe de cuál fue la voz que se oyó al fin.
     —¿Y qué vamos a hacer?
     El silencio pasmado se volvió murmullo, la discusión pronto fue gritería y el escándalo llegó en rumor hasta el centro del bosque, donde los monos más viejos, luego de rascarse mucho tiempo la cabeza, llegaron a una conclusión.
     —Hay que sacar la luna del agua.
     Hasta entonces no habló el rey de los monos, que sólo había estado observando.
     —Sí, pero ¿cómo?
     Los más viejos apenas se llevaban la mano a la cabeza cuando un mono jovencito empezó a dar saltos, excitado.
     —¡Yo sé cómo, yo sé cómo!
     El rey lo llamó aparte y lo escuchó con atención. Luego mandó llamar al Consejo de Ancianos y, descansando una mano en el hombro del monito mientras los miraba fíjamente, hizo un silencio teatral y luego anunció:
     —Les diré lo que haremos.
     Y explicó el plan, que había que poner en práctica de inmediato. Los monos treparían uno detrás de otro al árbol más grande de la orilla y luego, colgándose de la rama más larga, irían acercándose al agua. El mono que llegara al extremo de la rama se prendería de ella con un brazo, y con el otro sostendría al mono que llegaría tras él, que a su vez dejaría un brazo suelto para agarrar a otro, y así sucesivamente irían formando una cadena para sacar a la luna del estanque.
     Así lo hicieron. El mono joven que había sido el primero en ver la luna caída en el estanque fue naturalmente el mismo que quedó en el extremo de la cadena. Cuál no sería su sorpresa cuando, al alargar los brazos y meterlos en el agua, vio la luna romperse en mil pedazos. Fue tal su consternación, y la del resto de los monos, que todos al mismo tiempo se llevaron las manos a la cabeza, desbaratando la cadena y cayendo ruidosamente al agua.
     El primero en caer fue también el primero en subir a la superficie. Ese mismo fue el que dio el aviso:
     —¡Miren! ¡La luna está otra vez allá arriba!


Dibujo para una de las piezas de Monkeys Grasp for the Moon, de Xu Bing: "mono" en coreano (원숭이).

4) LA LUNA ES UN ANHELO DE LA LENGUA

Del viejo cuento chino procede la frase “Monos que quieren atrapar la luna”, referida a quienes se afanan en fines ilusorios. De esa frase partió Xu Bing, el más interesante para mí de los artistas chinos contemporáneos, para crear una escultura llamada Monkeys Grasp for the Moon: una cadena en que los eslabones son veintiún piezas de madera laminada que dan cuerpo a la escritura de la palabra mono en una docena de lenguas: inglés, español, francés, hindi, hebreo y japonés, entre otras, pero estilizadas de tal forma que cada uno de los eslabones parece un mono. La pieza es una cadena y la cadena es una escala, imagen de las lenguas de Babel, que baja del techo de la Sackler Gallery, en Washington D. C., hasta la superficie de un estanque interior, en el que acaso no por azar la luna está ausente. ¿O será que la escala lo es de veras aquí y sube en vez de bajar?

5) Y ES UN CUENTO DE NIÑOS AL FINAL

6 comentarios:

矛盾 dijo...

Increíble... hermoso viaje por las líneas que unen a japón y a china... las letras y la imagen...

la imagen en coreano me quebró los ojos... pero di con ella al final... 원숭이

Pedro Aguirre dijo...

¡Estos changuitos están hermosos! (amo a los changuitos)

Toni dijo...

Gracias Aurelio, no sólo por compartir estos poemas tan hermosos y tan preciados, sino también por darnos los links para ampliar nuestra información y enriquecer tus textos.

Me refiero concretamente al link sobre la meditación Zazen en donde podemos perfeccionar la técnica (si así se le puede llamar). La posición de los ojos, por ejemplo, yo la hacía con los ojos cerrados y veo que tienen que tener un ángulo determinado, que seguro tendrá una razón de ser, aparte de ayudarnos a no quedarnos dormidos.

La verdad el budismo Zen no es lo mío pues aunque soy muy disciplinada, la disciplina zen es punto y aparte. Prefiero las Prácticas Sufíes, que tienen mucho movimiento, muchos bailes y muchos giros.
Todo es más suave.
De cualquier manera el zen es una práctica muy hermosa; y hay que entrarle. Que te confronta todo el tiempo, sí, te desespera y hasta, creo, podría hacerte enloquecer.

Lo que sí amo son los poemas zen, eso sí es lo mío.
Son una gran inspiración.
Gracias por el poema de Dogen, siento que será un largo tema de meditación.

Un abrazo

Alberto Chimal dijo...

Aurelio, me uno a los agradecimientos. Tu blog es de esos que merecen leerse con cuidado y notas como ésta son un deleite.

Gracias además por la visita y la historia del caradura. Saludos y suerte.

Hugo García Michel dijo...

Un saludo, Aurelio. Recibí tu invitación para visitar tu blog y aquí estoy. El mío es muy diferente, un vil y descarado diario de vida, pero igual si te asomas un día lo agradeceré. Un abrazo.

efg dijo...

Me uno a Pedro... ¡Los changuitos son lo máximo!