jueves, 30 de abril de 2009

Será por el color de la corbata



El año pasado, en una de las crónicas que escribía desde Kioto para La Vanguardia, Jordi Juste señaló cómo en Occidente, al referirse a la la contaminación ambiental en Asia, los medios de comunicación utilizan imágenes de japoneses con mascarillas quirúrgicas que, en realidad, llevan para no esparcir la gripe, si tienen el virus, o defenderse del polen al que muchos son alérgicos.
           El uso de esas mascarillas no es excepcional. Uno se acostumbra a verlas en ciertas épocas del año y, llegado el caso, a usarlas. En México, en cambio, donde hay una situación excepcional de emergencia sanitaria, la gente ve el uso de la mascarilla como un exceso, como una muestra de paranoia y aun como una imposición. A la prensa y el internet llegan desde ahí muchas fotos de grupos de gente con la mascarilla al cuello: siempre hay uno o más que no la llevan sobre la boca, porque les cansó o les molestó o se la quitaron para hablar y, en cualquier caso, no les parece imprescindible.
           Mucha gente en México no cree que sea necesario protegerse, no entiende que el virus puede ser mortal y no respeta al vecino. En cambio cree que la propagación del virus es una decisión política, ha identificado de antemano un culpable y piensa que hay que defenderse no del virus sino de un compló.
           Un diplomático me decía esta mañana, con indignación sólo inferior a la que le causa un vino mal escanciado o una mancha en su corbata, que las medidas tomadas por el gobierno japonés ante este brote de influenza —esencialmente, extremar la vigilancia sobre los viajeros del país en que surja el virus y sus productos— eran racistas y exageradas. Lo del racismo no sé a qué venga, porque él es rojizo, sobre todo envinado, pero lo de la exageración lo entiendo: es como usar tapabocas para no contaminar al vecino.
            Pero habría que haberlo dicho antes, porque las medidas que el gobierno japonés ha tomado ante la situación actual no son improvisadas: están previstas en un documento público del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar preparado en 2005.

8 comentarios:

JHT dijo...

Nosotros estamos asombrados no sólo de la confusión generalizada que hay en México entre la grilla y la bacteriología, sino del desdén de la gente hacia su propia salud, ya no digamos la de los demás. La persistencia de esta cultura chamagosa, de hecho, casi me ha llevado a pensar que este virus no puede transmitirse tan fácilmente, porque de otra manera el país entero ya hubiera sucumbido.

monserrat loyde dijo...

JHT, habrá quien te responda que "este virus no puede transmitirse tan fácilmente" gracias a que se come mucho chile.

Luigi Amara dijo...

El problema es que parece que para este tipo de virus el cubrebocas sirve cuando mucho para contener los estornudos...
Un reportero de El País que consiguió una entrevista con el doctor Miguel Ángel Lezana, director general de vigilancia epidemiológica y control de enfermedades de la Secretaría de Salud, se sorprendió de que en las calles todo mundo llevara cubrebocas, mientras que al interior de la Secretaría de Salud nadie lo hacía. Ni la recepcionista, ni el servicio de limpieza, ni las secretarias, ni el jefe de Prensa ni, por supuesto, el doctor Lezana. De inmediato le preguntó:
–¿Por qué no llevan ustedes cubrebocas?
–Porque la porosidad que tienen permite fácilmente el paso de las partículas, y porque además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie.
La siguiente pregunta era obligada:
–¿Por qué han repartido millones de cubrebocas?
–Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño.

Aurelio Asiain dijo...

Pero si es lo que digo en la nota, Luigi: los cubrebocas sirven para contener los estornudos, más que para protegerte del estornudo ajeno. Y eso tiene sentido: si no expeles tus mocos a dos metros, sino a unos centímetros, algo se gana. Que ese algo sea poco o mucho es secundario.

Ahora bien: depende a qué cubrebocas se refiere el doctor Lezama. Si se refiere a los que se usan en México, esos azulitos, pues sí: sirven para una de piña y dos con queso. Pero dile a Jorge que te muestre el que le enviamos.

Luigi Amara dijo...

Desde que entró en decadencia el uso del pañuelo, medio más elegante para no salpicar al prójimo, cualquier pedazo de tela será mejor que nada.

Por otro lado, además de todos los que se resisten a usar la mascarilla o sólo la llevan como adorno o collar, he advertido la proliferación de hipocondríacos y apocalípticos que portan modelos como para la cámara de gas, y otros más frívolos que se solazan en llevarla como si se tratara del carnaval de Venecia o de una moda del fin del mundo. Ah, y también ya circulan coches con gigantescos ¡cubrecofres!
Saludos

Aurelio Asiain dijo...

Yo, que soy elegante desde chico,
mato el virus a golpes de abanico.

pez dijo...

en el defectuoso casi todos lo llevan (o llevaban) el tapatrompas, en el interior casi nadie

surrealista nuestro México

yo a veces lo llevo, a veces no, depende

pero sí, es curioso como los chinos japoneses (eso dijo la aspirante a miss panamá) todos lo llevan

Las tres y un cuarto dijo...

Aurelio, solamente vi a pocas personas usando el cubre bocas los primeros días. Cuando yo osaba ponerme el cubre bocas en la oficina o en una "farmacia" las personas se ofendían o se burlaban. Es normal en este México nuestro no tener cultura de sanidad, no creer a la autoridad, ni a los científicos.

Lo que ha impedido el uso del tapabocas los siguientes días fue, en algunos casos, no hay, no existen en un farmacia, se terminaron pero nadie los usas.

Hoy regresan los niños a clases, en 8 o 9 Estados no, pero la mayoría regresará, ¿Han tenido la conciencia, la educación los padres para decirle a su hijo "usa el tapabocas por favor en el salón con tus 50 compañeritos? No, no lo creo, lo que veo es que el virus esta ahí, pero que no entendemos que puede venir la siguiente oleada.

En un México sin cultura, sin agua, sin educación de salud, con un sistema de salud pobre al que millones están inscritos y no se les atiende, hoy México vuelve a la normalidad.

Saludos