Era el 15 de mayo, día del Aoi Matsuri, y era además domingo, con sol y pocas nubes, cerca del mediodía. Esperábamos, en los jardines del Palacio Imperial de Kioto, que se iniciara el desfile. Faltaba más de media hora todavía y me separé de la multitud que formaba filas a lo largo del camino, junto a la puerta sur. Entonces los vi. Me llamaron la atención los sombreros, sobre todo el del niño, que parece de otros tiempos, como su traje. Me atrajo también que se apartaran de la muchedumbre, como ya parecían apartarse de la época. No recuerdo haber reparado, cuando tomé la foto, en la composición de la imagen, ordenada por la línea diagonal de la base de los sombreros, con los dos rostros debajo y las dos copas encima, pero esa es la clase de cosas que uno ve sin darse cuenta. Tampoco reparé, hasta que vi la foto en la pantalla, en cómo la mujer aparece por detrás y por debajo del niño, evidentemente elevándolo pero también delicadamente apoyándose en su espalda, con un peso que él no advierte mientras mira a lo lejos, en la misma dirección que ella, expectante. Y sobre todo no vi, porque sólo se advierte bien en la imagen ampliada, la arruga que se forma ya claramente en la comisura de los labios de ella, ni las canas que asoman bajo el ala del sombrero, y que explican tal vez tanto de lo que la foto transmite.
Former Gymnast Naoki Ikeya Is Repaying ¥120 Million Debt by Selling
Takoyaki: A Story of Resilience and Reinvention
-
In an extraordinary tale that has captured public attention in Japan and
resonated with audiences worldwide, former gymnast and television
personality Na...
Hace 16 horas.


1 comentario:
Esta foto es hermosa.
Publicar un comentario